¿Orgullo y prejuicio?

Por Fundación AMAI - TLP, TLP y la Salud Mental Sin comentarios

A propósito de la celebración del Día del Orgullo y el estigma del enfermo mental, en 1813 publica Jane Austen una comedia romántica titulada “Orgullo y Prejuicio”. Esta obra ha tenido innumerables adaptaciones como película, serie, teatro, teniendo hasta la actualidad un enorme éxito. El comienzo de la novela, desde el inicio, anuncia el asunto de fondo que va a contemplarse; comienza así: “Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero poseedor de una gran fortuna necesita una esposa”. A partir de esta afirmación, la novela de una manera realista y muy psicológica -como sacando una fotografía de la sociedad de toda una época-  pone de manifiesto todos los perjuicios que podían tener las mujeres de ese entonces, unido al orgullo de una posición social determinada.

Podemos decir que el estigma social contribuye a tener un plan preparado para cada uno, saber qué objetivos se pueden tener (o no) en la vida social. Aprovechando que en esta semana se celebró las fiestas por el Día del Orgullo, de una manera transformada, adaptada a la situación de la pandemia mundial del COVID-19 queremos felicitar al colectivo y hacer una reflexión sobre el estigma social, autoestigma y de qué manera podemos trabajar para que estos procesos  sean socialmente  reparados y sanados también en el colectivo que atendemos nosotros de las personas con enfermedad mental. Efectivamente, la sociedad también realiza un proceso de estigmatización; es decir, de etiquetamiento, con respecto a la enfermedad mental,  generando unas ideas, unas formas de pensar completamente falsas, pero completamente automáticas que ahorran tiempo a la hora de procesar información. Pretenden ser atajos eficaces para el manejo de la información pero que llevan a cometer tremendos errores de valoración de la realidad. 

En este sentido, respecto a las personas con enfermedad mental, tenemos tres ideas falsas pero que de una manera automática aparecen en la mente de muchos individuos de la sociedad:

  1. El enfermo mental frecuentemente es peligroso y hay que tenerles miedo consecuentemente.
  2. Son espíritus libres y rebeldes; por lo tanto, consecuentemente van a tener una grave y irresponsabilidad en sus cosas.
  3. Tienen percepciones sobre el mundo completamente infantiles por lo que consecuentemente van a necesitar siempre que se les cuide.

Esta es la forma completamente falsa porque las tres afirmaciones se puede demostrar que no remiten a la realidad de los hechos. Simplemente: son mentira. Todavía más negativo que este estigma social es el proceso de auto-estigmatización; es decir,  cuando el individuo que pertenece a este colectivo: el de personas con enfermedad mental, se cree él mismo estas ideas relativas a su identidad social. También es grave que incluso dentro del ambiente sanitario, los profesionales sanitarios  pueden caer en el error de dar por cierto lo que el estigma propone, sin hacer una labor adulta, científica de análisis de los datos relativos a este colectivo. Nuestra felicitación y reconocimiento al colectivo homosexual que  lleva implícito también una agenda de trabajo para nosotros.

Durante 50 años, se ha realizado una labor constante dedicada difícil arriesgada para luchar contra el estigma social que se otorgaba a este colectivo. En la actualidad, el respeto a los derechos y obligaciones podemos admitirlo como completamente normalizado. Pero no ha caído del cielo, ha sido fruto de un trabajo durante todos estos años. Aunque, una cosa es el reconocimiento social y otra cosa es la vivencia individual de cada individuo perteneciente a la sociedad (a veces hay cierta disparidad, me refiero a que a pesar de la igualdad de derechos y el respeto a este colectivo siga viendo comportamientos individuales de discriminación en este aspecto pueden incluirse todos los chistes y bromas mal intencionadas). Esto ya es un trabajo de cada individuo cara a una vida social integrada y respetuosa.

Si analizamos la situación en el área del colectivo de personas con enfermedad mental, además de esta dimensión individual, sigue existiendo desgraciadamente esa dimensión comunitaria en la que al enfermo se le etiqueta de una manera falsa inadecuada y lleva al comportamiento consecuente que es la conducta discriminatoria.  Vamos a recordar las líneas de trabajo que han resultado eficaces para cambiar el estigma social y que el colectivo homosexual ha utilizado durante estos 50 años llegando a un resultado positivo en cuanto a el cambio de dicho estigma.

  1. La protesta. Este es el menos significativo en cuanto a efecto sobre el cambio del estigma, pero siempre es una puesta en escena pública de cuál es el asunto, cuál es la problemática que se está intentando afrontar.
  2. La educación. Disminuye el estigma a base de proporcionar información veraz y equilibrada utilizando distintos medios: libros, videos, programas de enseñanza estructurados para transmitir esa información adecuada.
  3. El contacto. Si la sociedad tiene oportunidad de tener contacto real o personal con el colectivo, esas personas van a reparar y reorganizar todo su sistema cognitivo de ideas preformadas acerca de ellas. Recuerdo en este sentido el testimonio que me proporcionó una persona de cierta edad que de una manera fortuita acabó en el Día de la Salud Mental que se celebró en el Matadero, hace unos años. Esta persona me comunicó que se había quedado tremendamente impresionada por la capacidad que había visto en el colectivo de organizar, de hacer, de relacionarse y agradecía a la organización la oportunidad que se le había dado. El día tan bonito que se le había proporcionado por la celebración de este evento.

¡Feliz Orgullo Gay! Esperemos que dentro de un tiempo vosotros podáis celebrar también con nosotros la superación del estigma de la enfermedad mental.  Quiero saludar desde este lugar también a las personas que iniciaron desde el movimiento asociativo del enfermo mental grave, hace unos pocos años el movimiento del “Orgullo Loco” con una filosofía parecida al orgullo gay, pero aplicada a la dimensión del enfermo mental. Como cerrando un círculo, voy a terminar este artículo cerrando lo del comienzo. En su novela, Jane Austen retrata como el orgullo y el prejuicio interfieren en el caminar social de cada individuo.

Amigos, que nuestros orgullos y nuestros prejuicios los tengamos cada vez más conocidos y cada vez más a raya, para que podamos reconocer en los individuos seres únicos e  ireemplazables, a los que hay que tener respeto, a los que hay que querer y querer conocer. Solo así podremos caminar juntos.

La personalidad narcisista

Por Fundación AMAI - TLP, Prevención, TLP y la Salud Mental

La personalidad narcisista es una estructura de carácter rígido y defensivo que parapeta la angustia de enfrentarse a una realidad interna y externa de recorte de expectativas, frustración y cierta duda sobre su verdadera identidad personal.

Los individuos narcisistas destacan por su forma egoísta de dedicarse a sí mismos, experimentando placer primario simplemente siendo pasivos o centrándose en sí mismos. Sus experiencias tempranas les han enseñado a sobrevalorarse. Su seguridad y superioridad puede estar fundada sobre premisas falsas; es decir, puede que no se apoyen en logros reales o maduros. Sin embargo, los narcisistas asumen alegremente que los demás reconocerán su cualidad de ser especiales. Por tanto, mantienen un aire arrogante de seguridad en sí mismos y, sin pensarlo ni pretenderlo conscientemente, explotan a los demás en beneficio propio. Aunque las atenciones de los demás son bienvenidas y alentadas, su aire de esnobismo y superioridad pretenciosa requiere poca confirmación de logros reales o de aprobación social. Su confianza sublime en que las cosas van a salir bien les motiva poco para implicarse en el “toma y daca” de la vida social. 

Características de la personalidad narcisista

  • Mantienen una imagen auto-construida de grandeza y superioridad.
  • Padecen un déficit en la percepción de los demás; una dificultad para identificarse con otras personas que a la larga les genera un sentimiento de aislamiento y soledad. 
  • Aceptan con dificultad cualquier crítica u opinión diferente a la suya.
  • Experimentan una baja tolerancia a la frustración o cualquier situación que no se ajuste exactamente a sus expectativas.
  • Necesitan a todas horas ser vistas y tener el protagonismo.
  • Perciben a los demás casi exclusivamente en función de la utilidad para satisfacer sus propias necesidades.
  • Tienen dificultad para sentir ciertas emociones como tristeza, necesidad afectiva y vulnerabilidad.
  • Evalúan las situaciones y las personas en términos muy polarizados del tipo todo-nada.
  • Escasa conciencia de sus sentimientos íntimos y necesidades profundas que les evita enfrentarse a una crisis de identidad.

Tipos de narcisistas

Según Theodore Millon, en una diferenciación más afinada de este problema describe cuatro tipos de personas narcisistas:

  1. Narcisista sin escrúpulos. Son individuos con pocas prohibiciones morales internalizadas que pueden ser crueles, despiadados y explotadores.
  2. Narcisista compensador. Desarrolla una ilusión de superioridad pero esconde un profundo sentimiento de deficiencia, probablemente fruto de haber recibido una profunda herida en su infancia. Al igual que las personalidades evitadoras, estas personas son extremadamente sensibles al juicio ajeno y a la desaprobación.
  3. Narcisista apasionado. Presenta rasgos histriónicos y busca el hedonismo sexual seduciendo y tratando a sus semejantes como objetos con los que satisfacer sus propios deseos.
  4. Narcisista elitista. Cree formar parte de una raza a parte y estar hecho de una pasta superior. Lo que teme realmente es asumir la mediocridad y buscan desesperadamente la admiración y el reconocimiento de los demás.

Expresión del trastorno narcisista de la personalidad de acuerdo a laos ámbitos funcionales y estructurales de la personalidad.

Prototipo narcisista

De acuerdo a los procesos funcionales, las personas con personalidad narcisista se comportan:

  • Expresivamente arrogante. Se comporta de forma arrogante, altanera, pomposa y desdeñosa, se siente por encima de las normas de convivencia y las califica de superficiales o inaplicables para sí mismo; muestra una descuidada falta de atención por la integridad de las personas y una indiferencia presuntuosa hacia los derechos de los demás.
  • Interpersonalmente explotador. Carece de empatía, se cree el centro de atención y espera favores especiales sin asumir responsabilidades recíprocas; se toma excesivas confianzas sin ningún reparo y utiliza a os otros para fortalecerse a sí mismo y satisfacer sus deseos.
  • Cognitivamente expansivo. Posee una imaginación desenfrenada y está enfrascado en inmaduras y glorificantes fantasías de éxito, belleza o amor; se ajusta mínimamente a la realidad, se concede licencias en cuanto a los hechos y suele mentir para mantener sus ilusiones. 
  • Mecanismo de racionalización. Se engaña a sí mismo y tiende a elaborar razones plausibles para justificar su egocentrismo y su comportamiento socialmente desconsiderado; encuentra coartadas para situarse en la mejor posición posible a pesar de los evidentes obstáculos o fracasos.

De acuerdo a atributos estructurales, las personas con personalidad narcisista tienen

  • Autoimagen admirable. Cree que es una persona de mérito, especial (si no única), que merece una gran admiración; se comporta de forma grandiosa y con una gran confianza, a menudo con logros significativos; tiene un elevado concepto de sí mismo a pesar de ser visto por los demás como egocéntrico, desconsiderado y arrogante.

 

  • Representaciones artificiales. Representaciones internalizadas compuestas en mayor medida de lo normal por recuerdos ilusorios y cambiantes sobre relaciones pasadas; los impulsos y conflictos inaceptables con rápidamente remodelados en cuanto surge la necesidad.
  • Organización espuria. Las estructuras morfológicas que subyacen a las estrategias defensivas y de afrontamiento tienden a ser débiles y transparentes, parecen más sustanciales y organizadas de lo que son en realidad; la regulación marginal de los impulsos, la mínima canalización de las necesidades y la creación de un mundo interno en el que se descartan los conflictos sirven para la rápida justificación de los errores y la reafirmación.
  • Estado de ánimo despreocupado. Manifiesta un aire general de indiferencia, imperturbabilidad y fingida tranquilidad; parece poseedor de una frialdad no impresionable u optimista a ultranza, excepto cuando se ve amenazada su confianza narcisista, momento en el que aparecen breves muestras de ira, vergüenza o sentimientos de vacío.

 

 

Lo que las investigaciones nos cuentan del TLP

Por Fundación AMAI - TLP, TLP y la Salud Mental

Hablar de investigación y Trastorno Límite de la Personalidad, es abordar un tema amplio, no solo por el hecho de la complejidad de la sintomatología que describe el diagnostico, si no también, por la variabilidad en las investigaciones que se realizan sobre el tema. Al mismo tiempo, muchos de los resultados obtenidos no logran responder de forma clara las preguntas iniciales que se plantean. Ocurre también que son diversas las preguntas que surgen a la hora de realizar una investigación, como por ejemplo, nos podemos preguntar ¿cuántas personas sufren esta sintomatología?, o ¿por qué surge este padecimiento?, ¿cuáles son los tratamientos que hay para reducir o eliminar la sintomatología?, ¿el tratamiento funciona igual a todos?, en fin… una lista amplia de interrogantes que surgen no solo en las personas que tiene un diagnóstico, sino también en los familiares, profesionales e investigadores que nos dedicamos a encontrar respuestas.

Al hablar de investigación es importante señalar que hay diversas formas de investigar y que cada una de estas formas se elige en función de las preguntas que nos formulemos al inicio. Y, por supuesto, por los resultados que esperamos encontrar. El objetivo del presente escrito es mostrar algunas conclusiones bastantes aceptadas, de lo que sabemos sobre el Trastorno Límite de Personalidad, conclusiones que son producto de la acumulación de resultados de una amplitud de investigaciones. Nos centraremos en tres áreas de investigación, que buscan responder a tres preguntas fundamentales. La primera de ellas atiende a la epidemiología; es decir, ¿a cuántas personas afecta esta sintomatología, o se diagnostica de TLP en España? La segunda de las áreas de investigación que abordaremos es la etiología, es decir ¿por qué surgen este conjunto de síntomas que señalan un diagnóstico de TLP? Por último, responderemos a lo que se puede hacer para reducir el sufrimiento; es decir, ¿cuáles son los tratamientos más adecuados?

Para abordar la primera interrogación, relacionada con la cantidad de personas que sufren de estos síntomas, recurriremos a un estudio realizado por la asociación AMAI TLP, que recoge información sobre los trastornos de personalidad en general y sobre trastorno límite de la personalidad en particular. En el año 2017 se realizaron 1.203.647 diagnósticos de enfermedad mental en España, 25.026 eran diagnósticos de trastornos de personalidad, el 2,08%. Entre el 30 y 60% de los trastornos de personalidad son TLP, por lo que se considera que entre el 1% y 2% de la población general puede sufrir síntomas de Trastorno de personalidad limite. Kaplan, Sadock y Grebb (1994) estiman que, de los que se diagnostican con tal trastorno, el 70-77% son mujeres, y además, un dato alarmante, es que cerca del 10% de los pacientes con dicho diagnóstico se suicidan (Paris, 1993; Nehls, 1999).

El conjunto sintomático que conforma lo que denominamos trastornos de la personalidad, constituyen un conjunto de problemas psicológicos agrupados habitualmente bajo una sección específica de los sistemas de clasificación internacionales, el DSM-IV (APA, 1994) y la CIE-10 (OMS, 1992) y separada del resto de los trastornos clínicos. Las investigaciones se han centrado en dimensiones clínicas que permiten un anclaje más sólido de los datos neurológicos que son estudiados y obtenidos en relación con el TLP como la desregulación emocional o la inestabilidad afectiva, la impulsividad, la sensibilidad interpersonal o el trauma.

Las investigaciones sobre la etiología, que son aquellas que buscan conocer el origen o la causa de este padecimiento, son quizás los estudios que reportan un mayor número de publicaciones. En 1991, Siever y Davis inauguraron la investigación de las bases neurobiológicas del TLP, proponiendo que los problemas de regulación afectiva y la impulsividad tenían fundamentos cerebrales evidente, la hipótesis señala que podría existir una correspondencia entre dimensiones sintomáticas y determinados sistemas de neurotransmisión, lo cual a su vez tendría una correspondencia con trastornos psiquiátricos. Hay investigaciones que señalan que el órgano encargado de la regulación de las emociones, la amígdala, en las personas que sufren de estos síntomas, producen una mayor cantidad de un neurotrasmisor que genera una mayor activación física.

En este orden de ideas las investigaciones señalan que las cantidades de sustancias como la acetilcolina o cortisona son mayores en las personas que tiene una mayor labilidad afectiva. Por tanto, la combinación de la hiperreactividad de la amígdala izquierda a estímulos negativos y un déficit de la actividad del prefrontal serían los hallazgos más consistentes en la investigación neurobiológica del TLP, sin embargo, hay una gran variabilidad en cuanto a las áreas del prefrontal que estarían afectadas.

En el año 2000, Torgensen et al. hallaron un 68% de heredabilidad del trastorno, lo cual, en principio, echaba por tierra todas las teorías previas sobre las causas ambientales como generadoras exclusivas del cuadro. Bajo este parámetro, se le consideraba como un trastorno con síntomas heredables –desregulación afectiva e impulsividad, que implican anomalías cerebrales detectables por técnicas de imagen. Estudios en gemelos sugieren que el factor de heredabilidad, influencia genética, del TLP es del 69%.[1]

Sin embargo, también existen investigaciones que señalan que el origen puede estar asociado a un trauma o a experiencias traumática infantiles incluso previas al nacimiento, que han marcado de forma estructural el funcionamiento de las personas que sufren estos síntomas. Los resultados encontrados en investigación con respecto al trauma hablan de que en aquellos trastornos en los que existen antecedentes traumáticos, se ha observado una respuesta exagerada de cortisol ante estímulos mínimos de dexametasona, manifestada por una mayor supresión en la respuesta. La hipersupresión se correlacionaría con una mayor inestabilidad afectiva, mayor impulsividad y gravedad clínica. Esto reflejaría un peor funcionamiento social, familiar y laboral, y clínicamente se manifestaría por un aumento en el número de intentos de suicidio (Kazuhiro Tajima-Pozo, Ana Montes-Montero,Itziar Guemes,Sara González Vives, Marina Díaz-Marsá, Jóse L. Carrasco, 2013).

Mary C. Zanarini -psicóloga del departamento psiquiátrico del Hospital McLean, Belmont, Massachusetts- publicó que el 84% de quienes sufren TLP describen de forma retrospectiva haber sufrido experiencias traumáticas precoces de malos tratos psíquicos y negligencia por parte de ambos progenitores antes de cumplir los 18 años. [2] “El 80% de los jóvenes que padecen trastorno de la personalidad han sufrido acoso”, según afirma el Dr. José Luis Carrasco, profesional experto en TLP de reconocido prestigio, quien también asegura que “Nueve de cada diez víctimas de acoso escolar desarrollan secuelas psicológicas graves”.

Estas investigaciones nos permiten señalar que las causas de este padecimiento pueden tener diversos desencadenantes, donde los aspectos neurobiológicos influyen en la intensidad de respuesta emocional de los pacientes que gatilladas por situaciones traumáticas vividas a lo largo la historia del desarrollo, propician patrones de comportamiento negativo que afecta a la persona misma y a su entorno.  En los últimos años, se ha venido realizando un amplio número de estudios con el fin de identificar marcadores de riesgo o de vulnerabilidad en el desarrollo del trastorno límite de la personalidad. Los factores etiológicos propuestos se pueden sintetizar en seis grupos, por un lado, tres corresponderían a una naturaleza medioambiental: 1) separaciones en la infancia, 2) compromiso o implicaciones parentales alteradas, y 3) experiencias de abuso infantil.  Y por el otro, hay tres marcadores que tienen que ver más con una naturaleza constitucional: 1) temperamento vulnerable, 2) tendencia familiar a padecer ciertos trastornos psiquiátricos, y 3) formas sutiles de disfunción neurológica y/o bioquímica (Zanarini et al., 1997). Este planteamiento nos lleva a entender que el tratamiento no es simple, si no por el contrario debe ser abordado desde múltiples áreas de atención.

Las investigaciones que buscan identificar los tratamientos mas efectivos que logran minimizar los síntomas y reducir el sufrimiento, nos revelan que en los últimos 8 años la prescripción de antidepresivos se ha mantenido alta en el 80% de los pacientes de TLP, se aprecia una disminución en el uso de benzodiacepinas y un aumento significativo en el uso de estabilizadores del ánimo y antipsicóticos atípicos. En general los  fármacos más utilizados han sido los siguientes (Dimeff, McDavid y Linehan, 1999): a) antipsicóticos, empleados para tratar las cogniciones alteradas, incluyendo la paranoia, las ideas de referencia, las disociaciones y las alucinaciones, b) antidepresivos, prescritos sobre todo para reducir la disforia asociada al rechazo personal, c) estabilizantes del estado de ánimo y anticonvulsivos, para regular los intensos cambios de humor, y normalizar los estados de impulsividad y agresión, y d) benzo-diacepinas, dirigidas a reducir la ansiedad, los episodios de hostilidad y las alteraciones del sueño.

La comunidad científica está cada vez mas convencida de que la intervención debe ser compleja e incidir en las diferentes áreas que afectan a las personas, planteando una posible explicación a los bajos índices de recuperación que señalan las investigaciones. Un dato alentador en este sentido no lo comunica Zanarini (2010)[3] donde confirma que más del 90% de los pacientes de TLP desarrollan un 50% de recuperación sostenida (buen funcionamiento social y laboral y ausencia de criterios diagnósticos mantenidos durante al menos dos años) tras más de 10 años de seguimiento del tratamiento.

Los datos obtenidos de los tratamientos psicológicos no son muy amplios, tampoco son claros, y además es difícil la comparación entre diferentes investigaciones, limitando las conclusiones acerca de la eficacia del trabajo de intervención. Sin embargo, a parte del tratamiento farmacológico, la intervención suele estar acompañada de una terapia individual, donde los dos modelos terapéuticos mas utilizados, serian aquellos de corte más dinámico, y por otro lado las propuestas cognitivo-conductuales, ambos tienen amplias referencias en el tratamiento, y su uso es extendido hoy en día por instituciones que se dedican al tratamiento de los TLP.

Al mismo tiempo se han planteados modelos de intervención grupal, que permitan atender los patrones de interacciones sociales negativas que tan común son en estos casos, así como terapia familiar. Se observa que las familias muestran un alto grado de ansiedad, y confusión ante el comportamiento de sus familiares y el apoyo a las familias es un factor de reducción de ansiedad en la convivencia familiar. Se considera que la atención del contexto familiar, un terapeuta de referencia, mantenido en un tratamiento constante, una pauta farmacológica estable, acompañado con el trabajo grupal y social, favorece la estabilidad en los pacientes que padecen de esta sintomatología, reduciendo los comportamientos de riesgo y las conductas impulsivas. De la misma forma se ha investigado la duración del tratamiento, señalando que las terapias que se inician a edades más tempranas, y mantienen una relación terapéutica duradera, obtienen mejores resultados.

Aún queda mucho por investigar, la labor investigadora nos revela que una respuesta lleva a más preguntas, es una búsqueda constante por descubrir nuevos aspectos, que faciliten la mejoría de los pacientes y disminuya su sufrimiento. Es un abordaje que debe realizarse desde muchas áreas del paciente, incluyendo su contexto y su historia para una mejor compresión de lo que significa, la sintomatología del TLP en nuestros pacientes.

 

 

[1] Fuente: Atención a las personas con Trastorno limite de personalidad en Andalucía (2012)

https://consaludmental.org/publicaciones/AtencionpersonasTLPAndalucia.pdf (39)

Fuente: Guía de práctica clínica sobre Trastorno límite de la personalidad. Generalitat de Catalunya (2011)

http://www.guiasalud.es/GPC/GPC_482_Trastorno_Limite_Personalidad.pdf (45)

[2] Fuente: Guía de práctica clínica sobre Trastorno límite de la personalidad. Generalitat de Catalunya (2011) http://www.guiasalud.es/GPC/GPC_482_Trastorno_Limite_Personalidad.pdf (143)

[3] Fuente: Atención a las personas con Trastorno límite de personalidad en Andalucía (2012) https://consaludmental.org/publicaciones/AtencionpersonasTLPAndalucia.pdf (38)

 

Mitos y verdades de ir a terapia

Por TLP y la Salud Mental

1- El primer mito, que creo que afortunadamente va desapareciendo, pero hay que mencionar, es que el que va a terapia es porque está loco. Por ahí circula un “meme” que dice que el que va a terapia no es un loco sino un valiente. Y algo de eso hay. El que va a terapia es porque algo de sí mismo le molesta, no lo entiende, le hace sufrir y lo quiere cambiar. Eso sí, tiene que sentir la necesidad de trabajarlo, lo que llamamos demanda. Lo que no sirve es que la demanda sea de otro, de un familiar o de la pareja. Uno debe estar dispuesto a poner “toda la carne en el asador”.

2-“En cuanto empiece, me voy a sentir mejor”. Por desgracia, no. El proceso terapéutico es largo y en ocasiones doloroso. De hecho, al principio es bastante frecuente salir de las sesiones con mala sensación, revuelto, angustiado… porque se están poniendo en juego emociones profundas y no puede ser de manera “aséptica”. También es importante saber que a lo largo de la terapia habrá momentos en que se tendrá la sensación de que no se avanza, pueden surgir enfados con el terapeuta, o incluso empeorar. Esto es debido a la resistencia que tenemos tanto de avanzar como de enfrentar determinadas cosas.

3- “El psicólogo sabe lo que tengo que hacer”. No, el psicólogo te va a acompañar en tu búsqueda de tu mejoría, él sabrá lo que tiene que hacer él, pero no debe decidir por ti. Es más, debes saber que quien más trabaja en terapia es el paciente. Si no se esfuerza, si no colabora, no habrá nada que el terapeuta pueda hacer.

4- “Me tengo que llevar algo de la terapia”. Te vas a llevar algo, pero no todos los días, y no cosas tangibles. Los psicólogos, también en AMAI, trabajamos desde distintas corrientes, algunos son más directivos y trabajan con pautas, técnicas de modificación de conducta, otros trabajan más el discurso, el aspecto introspectivo y reflexivo. Puede que tengas la sensación de que no descubres nada, pero un día, de pronto, algo hará click en tu cabeza, en referencia a algo que trataste semanas atrás en tu sesión. 

5- “Para esto, hablo con una amiga”. Eso siempre es recomendable, pero no sustituye la terapia. Es alguien que te escucha desde un punto de vista distinto y que tiene unas herramientas y un conocimiento teórico sobre lo que te pasa. Aún así, siempre será tu historia, tu subjetividad y tus vivencias las que se ponen en juego, por lo que cada proceso terapéutico es único. Eso nos lleva al siguiente paso:

6- “Ya te lo he contado todo, ahora dime tú”. No se puede contar todo lo que uno siente, lo que a uno le pasa, lo que preocupa en unas pocas sesiones.  A veces tenemos más ganas de hablar, otras menos, es normal, eso es parte de la resistencia, no siempre tenemos fuerzas para enfrentarnos a nuestros demonios. Pero el discurso que cuenta nuestro ser, no se acaba nunca, es el material que tenemos para trabajar. A medida que hablas de tus certezas, de tu dolor, el psicólogo puede ayudarte a ver dónde das por hechas cosas que te duelen, y que no son ciertas.

Finalmente, podemos resumir el efecto de la terapia en “deshacer nudos”, que normalmente, ni sabemos que están atados.

 

Dificultades que atraviesan los familiares de personas con TLP

Por Prevención

Se realizó una encuesta a madres atendidas en nuestra asociación para conocer de primera mano las principales dificultades con las que se encuentran los familiares de las personas que tienen síntomas asociados al diagnóstico de TLP, desde aquí agradecer la participación y colaboración en un tema que afecta directamente en lo personal y del que siempre es difícil hablar. Mantendremos el anonimato de nuestras madres y para poder relatar los resultados, utilizaremos nombres ficticios. 

Una de las principales dificultades que mencionan las madres al ser preguntadas, es “entender lo que pasa”, las situaciones surgidas como las discusiones, los cambios en la emocionalidad, los comportamientos impulsivos, desconciertan mucho a los familiares, es una incomprensión que abarca la imposibilidad de empatizar con el hijo, no saber cómo ayudarlo, que hacer para que se sienta bien, es observar cómo tu hijo sufre y no saber que hacer para mejorar la situación. Así lo señala Ana cuando dice no saber por qué pasa del amor al odio, por qué busca muy a menudo entrar en conflicto, sin ninguna razón, por qué te culpa de algo que no has hecho. O como cuando Marta señala que “lo peor ha sido estar metida en una vorágine de sentimientos y emociones que no puedo gestionar porque desbordan por todas partes, la dificultad de no saber poner nombre a lo que le pasa”, Ana lo resume muy bien cuando dice que “La primera y mayor dificultad es intentar entender que le pasa a tu hijo”. 

La información que se ofrece sobre el diagnóstico se revela como muy importante, Ana nos dice que “Si consigues entender que todo esto es producto de su enfermedad y no porque sea un monstruo, lo siguiente es aprender a manejarlo” como dice Carmen cuando piensa en sus principales dificultades, “El desconocimiento del significado del diagnóstico, generalmente no se sabe en qué consiste este trastorno. Una vez se es consciente de la transcendencia del diagnóstico TLP no sabes cómo ayudar a tu hijo y cómo mejorar la convivencia con él”. Es una necesidad de información que no solo se interroga acerca del porqué de las reacciones de su hijo/a, sino que se pregunta cómo madre/padre que puedo hacer. A este respecto María nos revela un deseo maternal muy auténtico, el saber cómo “Entenderle, comprender cómo funciona su cerebro para poder reaccionar según cada situación,  empatizar con él, aprender a gestionar tanto sus malos momentos como los buenos”, en definitiva es un deseo de comunicación con el hijo, un deseo de poder ayudar a que su hijo se sienta bien y deje de sufrir, María continua diciéndonos “poder ayudarle desde el cariño y la comprensión sin que sienta agobio, control o compasión”. 

Por estos motivos, cuando se les pregunta a las madres cuáles son las principales necesidades que tienen con respecto a la situación con su hijo/hija, lo primero que señalan es un profesional que pueda acoger la gran dificultad que sienten, esa vorágine de emociones intensas, en la que están inmersos sin capacidad de ver la luz al final del túnel. Marta nos dice que “desde el principio busqué ayuda profesional y siempre me he chocado con la poca profesionalidad por desconocimiento y minimización del problema”, en este sentido Ana nos dice “La principal necesidad es encontrar profesionales que entiendan la enfermedad y la traten en su profundidad”, María es más rotunda cuando dice que “La primera necesidad que considero que escasea y que es la fundamental, es un mayor conocimiento, por parte de los profesionales del TLP, además de mucha más empatía y esfuerzo en una adecuada atención. Faltan especialistas y, muchos de los que hay, tratan al paciente como a alguien “problemático” y no como una persona que necesita ayuda”. Es una necesidad que implica un soporte emocional, una dedicación a ordenar y comprender una situación que se les ha ido de las manos a toda la familia, donde no solo se necesita información si no también un apoyo emocional en el proceso que implica cambiar. 

Marta nos dice que “Aprender lo que es el TLP, ha sido fundamental para mí y mi familia, aprender estrategias para mí con respecto a mi hija”, revelándonos que la información implica también un acompañar un proceso de cambio para todos. Cuando se le pregunta a Ana que es lo que más le ha ayudado en su proceso, nos comenta que “Encontrar una terapia o un terapeuta que explique a las familias y a los propios enfermos lo que les pasa, para que lo puedan entender y así empezar a ayudarles”. Carmen dice que le ha ayudado mucho “La existencia de la asociación AMAI TLP pues a través de ella he podido informarme.  He sentido más tranquilidad según iba conociendo el TLP”, Carmen responde “A mí me ha ayudado mucho la terapia, no sólo por el trabajo personal que hago sino porque mi hija ve que me he implicado y me estoy esforzando por cambiar cosas que a ella la afectaban y la llevaban a reacciones descontroladas”, Carmen continúa reflexionando que “Los padres tenemos que implicarnos en la solución, no cuestionarles y pretender que salgan ellos solos. En resumen, más profesionales y más preparados para ellos y mayor formación “personal” para los padres”, señalando así que el problema les implica a todos, y el que el cambio no es solo del paciente, si no de las relaciones que se establecen en el sistema y que es necesario que todos puedan entrar en un proceso de reflexión personal que favorezca un cambio en las relaciones y así el cambio en la situación será más factible. 

Y lo dicho anteriormente, más que un deseo, es una necesidad. La angustia y los miedos que viven los familiares de las personas que sufren esta sintomatología, obliga a tomar acciones complejas, María nos revela que se encontraba con un miedo constante a “Las recaídas. Primero porque pone en riesgo su vida y, a continuación, porque entra en un bucle negativo del que cuesta mucho salir”, una situación que Ana describe con más detalles al decirnos que “Cuando son impulsos negativos hay veces que pueden llegar a ser muy peligrosos, porque son episodios de violencia, agresividad, o pérdida de cordura, sin límites, es como si en ese momento se bloquease su mente y no hay nada externo que les vuelva a la realidad”, son situaciones realmente peligrosas para todos, que crean un estado general de angustia, miedo y tensión que va minando cada vez más las relaciones familiares. 

Es una situación que, si no recibe atención especializada, se convierte en un malestar crónico familiar, llega la desesperanza, la desilusión, la tristeza, las madres empiezan a sentir miedo por el futuro de sus hijos. Surge la sensación de que ellos sufrirán mucho estando solos, ya que no lograrán independizarse, ser autónomos, por lo que el futuro se abre con mucho temores e incertidumbres. Carmen nos dice que lo que más miedo le da es “El futuro: ¿de qué va a vivir cuando ya no estemos las madres (o no podamos seguir ayudándolo económicamente)? ¿cómo lo va a hacer?” Marta en esta misma línea de pensamiento comenta que le gustaría “Saber si podrá o no salir adelante por sí mismo, si podrá ser independiente en todos los sentidos, afectiva, emocional y económicamente, es decir si podrá ser adulta. Son situaciones que podemos augurar que, sin acciones adecuadas, constantes, y sostenidas en el tiempo pueden irse complicando cada vez más. Desde AMAI TLP entendemos que las intervenciones realizadas a los inicios de la problemática, y de formas sostenida en el tiempo contribuyen a mejores resultados. 

Los resultados de la encuesta, realizada por familiares que forman parte ya de nuestra asociación, nos ayudan a concluir, que la experiencia de estar cerca emocionalmente de alguien con sintomatología TLP, es compleja, intensa, y que se vive con angustia, incertidumbre, y dolor. Es una situación que obliga a que todos los miembros que comparten en familia sean capaces de entender la situación para así iniciar un cambio. Un cambio que debe ser acompañado por profesionales especializados empáticos que faciliten un apoyo tanto emocional como técnico, en las relaciones que se establecen entre los miembros. Es una necesidad fundamental en estos casos, ya que hay que evitar situaciones de riesgo. Atendiendo a tiempo el problema es posible poder ayudar a cuidar de todos.

 

La gran familia de AMAI TLP y sus actuaciones en momentos de crisis

Por Fundación AMAI - TLP, Prevención, Sin categoría

La familia es el contexto natural de las personas, donde crecen, reciben apoyo y refugio. Es la unidad elemental y primaria donde los seres humanos tenemos nuestra base fundamental de nutrición emocional (amor, reconocimiento, respeto, validación y valoración), y donde aprendemos a relacionarnos con los demás. Es nuestro apoyo, más en momentos difíciles, y es la portadora de modelos de resolución de problemas. La familia es necesaria siempre, pero más si cabe en los tiempos de pandemia.

Podemos definir “catástrofe” como una desgracia abrumadora que nos supera o no se puede solucionar ni de forma inmediata ni fácilmente. Sin embargo, nuestra vida continua con un incremento de inseguridad en lo más básico, en la salud. Un agente extraño, que ahora todos nombramos, COVID-19, pero que sigue siendo un gran desconocido, ha incidido en nuestras vidas, en el contexto global y en todas las facetas de la vida: individual, familiar y social.

Tanto las personas con TLP como sus familias han tenido que adaptarse y adaptar su vida a la nueva situación, con un aumento de los estresores que, de por sí, ya se dan en las familias de los afectados. Tener que protegerse de algo desconocido acrecienta la tensión y la vulnerabilidad emocional, aumenta la angustia y los miedos al abandono, a posibles pérdidas personales o de personas próximas.

El aumento del tiempo de contacto en el núcleo familiar, compartiendo la vida entre las mismas cuatro paredes, incrementa la posibilidad de la conflictividad. Los problemas de comunicación o de impulsividad se pueden hacer más presentes en esta situación.

La falta de rutinas hace que todos los días puedan parecer igual, puede alterar la organización del día a día y descuidar el autocuidado más básico. Se pueden ver alterados hábitos como el sueño y la alimentación, y la desorganización de horarios son frecuentes.

Estas variables influyen en la familia y el sistema tiene que adaptarse lo mejor posible, protegiendo y creando soluciones para todos, especialmente para los más vulnerables, las personas con TLP, con alta sensibilidad a estímulos emocionales, que dan respuestas de alta intensidad.

¿Qué alternativas puede tener la familia ante esta situación?

Lo que sigue son una serie de reflexiones y recomendaciones para las familias en estos tiempos.

  • Es importante dedicar un tiempo para hablar en la familia de lo que está sintiendo cada uno, validando la emoción y reforzando el hecho de poder comunicarse, sin juzgar y sin exigencias de cambios emocionales que no se pueden controlar. Hablar para tranquilizar y validar, con información útil y veraz, desdramatizando y siendo consecuente con la realidad.
  • Es importante estructurar rutinas diferenciadas para cada uno, en donde todos participen pero que se diferencien en función de preferencias y roles,
  • Es conveniente desarrollar tareas y actividades gratificantes, en las que cada persona puede disfrutar y desconectar del contexto familiar.
  • Es necesario un tiempo para mantener el vínculo con otras personas relevantes para cada miembro de la familia: amigos, otros compañeros de la asociación, familia extensa, …
  • No debemos olvidar al cuerpo, cuidarlo, moverlo, estimularlo haciendo actividadescomo bailar, estiramientos o andar en los momentos que se puede salir.
  • Podemos guardarnos al menos un momento al día para desconectar de nosotros mismos, con relajación, meditación, mindfulness, …
  • Puede ser gratificante planificar algo especial en familia para los fines de semana. Hacer algo diferente en los días de fiesta hace que la semana se pase más rápida y facilita la aceptación del paso del tiempo.

¿Qué está haciendo la Asociación? o ¿Cómo se está adaptando la Asociación?

Como si fuera una extensión del sistema familiar, AMAI TLP ha sabido adaptarse a la situación de alarma sanitaria, cumpliendo con los requisitos de proteger lo mas preciado, que es la salud de sus socios y de sus trabajadores. Aceptar el confinamiento ha significado una respuesta de responsabilidad social y un esfuerzo extra para seguir cumpliendo con el objetivo primario, que es atender a las personas con TLP y sus familias.

Para ello ha facilitado la teleasistencia, se han seguido manteniendo las citas mediante video llamadas. La atención de los psicólogos, por esta vía telemática, proporciona continuidad a las terapias ya establecidas y da oportunidad para nuevos casos que lo necesiten.

El teléfono de contacto de la Asociación mantiene su horario de atención para todos los que necesiten información, consulta o apoyo. Tenemos un tiempo especialmente dedicado a las llamadas de las familias.

Hemos mantenido los grupos de apoyo los lunes y los viernes. Conservar estos espacios terapéuticos es importante para el progreso de las atenciones. Y esto por dos razones, por el aprendizaje de estrategias y por ser facilitadores de la relación y apoyo social, especialmente importante en estos momentos.

El grupo terapéutico de los jueves facilita el mantenimiento de hábitos saludables en la alimentación, pautas y apoyo emocional en estos momentos difíciles

Para mantener el contacto y fomentar actividades gratificantes, apoyado por el equipo psicológico, AMAI TLP ha configurado dos nuevos espacios lúdicos telemáticos, uno de karaoke y otro de visitas guiadas por los museos.

Conocedores de la importancia de fomentar el tratamiento terapéutico  y de estructurar el tiempo, la Asociación incrementa su esfuerzo por dar la mejor de las atenciones con el apoyo de sus profesionales. Para recuperarse de las situaciones adversas, saliendo fortalecido,  es necesario, tanto a nivel individual, familiar o social  un posicionamiento activo, un apoyo externo y un propósito positivo.

Las crisis pueden ser oportunidades para crecer, juntos podremos generar múltiples alternativas y soluciones válidas este momento.

Superar las crisis y salir fortalecidos es el objetivo principal de las familias y de AMAI TLP. Juntos podemos.

 

Yolanda Terrón
Psicóloga AMAI TLP