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Fundación AMAI – TLP

La Fundación de Familiares y Enfermos de Trastorno Límite de Personalidad es una institución privada sin ánimo de lucro creada en 2014 con el fin de ayudar a personas con Trastorno Límite de Personalidad y a sus familiares.

Covid

La psicología post Covid-19 y la “nueva normalidad”

Por Fundación AMAI - TLP

Antes de nada, hay que comentar que los profesionales de la psicología se han tenido que subir al online para atender a sus pacientes en el estado de alarma sin pensarlo porque tenían que trabajar en sus terapias.

En el caso de AMAITLP, tanto por el equipo humano de Psicólogos especializados en TLP cómo la junta directiva, secretaría y comunicación. Han hecho posible prestar atención profesional a todos nuestros pacientes durante el estado de alarma y con los horarios de sus terapias. Un trabajo a considerar.

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arcoiris

¿Orgullo y prejuicio?

Por Fundación AMAI - TLP, TLP y la Salud Mental

A propósito de la celebración del Día del Orgullo y el estigma del enfermo mental, en 1813 publica Jane Austen una comedia romántica titulada “Orgullo y Prejuicio”. Esta obra ha tenido innumerables adaptaciones como película, serie o teatro, teniendo hasta la actualidad un enorme éxito. El comienzo de la novela, desde el inicio, anuncia el asunto de fondo que va a contemplarse; comienza así: “Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero poseedor de una gran fortuna necesita una esposa”. A partir de esta afirmación, la novela de una manera realista y muy psicológica -como sacando una fotografía de la sociedad de toda una época-  pone de manifiesto todos los perjuicios que podían tener las mujeres de ese entonces, unido al orgullo de una posición social determinada.

Podemos decir que el estigma social contribuye a tener un plan preparado para cada uno, saber qué objetivos se pueden tener (o no) en la vida social. Aprovechando que en esta semana se celebró las fiestas por el Día del Orgullo, de una manera transformada, adaptada a la situación de la pandemia mundial del COVID-19. Queremos felicitar al colectivo y hacer una reflexión sobre el estigma social, autoestigma. Y de qué manera podemos trabajar para que estos procesos  sean socialmente reparados y sanados también en el colectivo que atendemos nosotros de las personas con enfermedad mental.

Efectivamente, la sociedad también realiza un proceso de estigmatización; es decir, de etiquetamiento, con respecto a la enfermedad mental. Lo que genera unas ideas y unas formas de pensar completamente falsas, pero completamente automáticas, que ahorran tiempo a la hora de procesar información. Pretenden ser atajos eficaces para el manejo de la información pero que llevan a cometer tremendos errores de valoración de la realidad. 

En este sentido, respecto a las personas con enfermedad mental, tenemos tres ideas falsas pero que de una manera automática aparecen en la mente de muchos individuos de la sociedad:

  1. El enfermo mental frecuentemente es peligroso y hay que tenerles miedo consecuentemente.
  2. Son espíritus libres y rebeldes; por lo tanto, consecuentemente van a tener una grave y irresponsabilidad en sus cosas.
  3. Tienen percepciones sobre el mundo completamente infantiles por lo que consecuentemente van a necesitar siempre que se les cuide.

Esta es la forma completamente falsa porque las tres afirmaciones se puede demostrar que no remiten a la realidad de los hechos. Simplemente: son mentira. Todavía más negativo que este estigma social es el proceso de auto-estigmatización. Este proceso se da cuando el individuo que pertenece a este colectivo: el de personas con enfermedad mental, se cree él mismo estas ideas relativas a su identidad social. También es grave que incluso dentro del ambiente sanitario, los profesionales sanitarios pueden caer en el error de dar por cierto lo que el estigma propone, sin hacer una labor adulta, científica de análisis de los datos relativos a este colectivo. Nuestra felicitación y reconocimiento al colectivo homosexual que  lleva implícito también una agenda de trabajo para nosotros.

Durante 50 años, se ha realizado una labor constante, dedicada, difícil y arriesgada para luchar contra el estigma social que se otorgaba a este colectivo. En la actualidad, el respeto a los derechos y obligaciones podemos admitirlo como completamente normalizado. Pero no ha caído del cielo, ha sido fruto de un trabajo durante todos estos años. Aunque, una cosa es el reconocimiento social y otra cosa es la vivencia individual de cada individuo perteneciente a la sociedad. A veces hay cierta disparidad, me refiero a que a pesar de la igualdad de derechos y el respeto a este colectivo, siga viendo comportamientos individuales de discriminación en este aspecto pueden incluirse todos los chistes y bromas mal intencionadas. Esto ya es un trabajo de cada individuo cara a una vida social integrada y respetuosa.

Si analizamos la situación en el área del colectivo de personas con enfermedad mental, además de esta dimensión individual, sigue existiendo desgraciadamente esa dimensión comunitaria en la que al enfermo se le etiqueta de una manera falsa inadecuada. Esto lleva al comportamiento consecuente que es la conducta discriminatoria. 

Vamos a recordar las líneas de trabajo que han resultado eficaces para cambiar el estigma social y que el colectivo homosexual ha utilizado durante estos 50 años llegando a un resultado positivo en cuanto a el cambio de dicho estigma:

  1. La protesta. Este es el menos significativo en cuanto a efecto sobre el cambio del estigma, pero siempre es una puesta en escena pública de cuál es el asunto, cuál es la problemática que se está intentando afrontar.
  2. La educación. Disminuye el estigma a base de proporcionar información veraz y equilibrada utilizando distintos medios: libros, videos, programas de enseñanza estructurados para transmitir esa información adecuada.
  3. El contacto. Si la sociedad tiene oportunidad de tener contacto real o personal con el colectivo. Esas personas van a reparar y reorganizar todo su sistema cognitivo de ideas preformadas acerca de ellas. Recuerdo en este sentido el testimonio que me proporcionó una persona de cierta edad. Esta persona de una manera fortuita acabó en el Día de la Salud Mental que se celebró en el Matadero, hace unos años. Y me comunicó que se había quedado tremendamente impresionada por la capacidad que había visto en el colectivo de organizar, de hacer, de relacionarse. Y agradecía a la organización la oportunidad que se le había dado. El día tan bonito que se le había proporcionado por la celebración de este evento.

¡Feliz Orgullo Gay! Esperemos que dentro de un tiempo vosotros podáis celebrar también con nosotros la superación del estigma de la enfermedad mental. 

Quiero saludar desde este lugar también a las personas que iniciaron desde el movimiento asociativo del enfermo mental grave, hace unos pocos años el movimiento del “Orgullo Loco” con una filosofía parecida al orgullo gay. Pero aplicada a la dimensión del enfermo mental.

Como cerrando un círculo, voy a terminar este artículo cerrando lo del comienzo. En su novela, Jane Austen retrata como el orgullo y el prejuicio interfieren en el caminar social de cada individuo.

Amigos, que nuestros orgullos y nuestros prejuicios los tengamos cada vez más conocidos y cada vez más a raya. Para que podamos reconocer en los individuos seres únicos e  irremplazables. A los que hay que tener respeto, a los que hay que querer y querer conocer. Solo así podremos caminar juntos.

narcisismo

La personalidad narcisista

Por Fundación AMAI - TLP, Prevención, TLP y la Salud Mental

La personalidad narcisista es una estructura de carácter rígido y defensivo que parapeta la angustia de enfrentarse a una realidad interna y externa de recorte de expectativas, frustración y cierta duda sobre su verdadera identidad personal.

Los individuos narcisistas destacan por su forma egoísta de dedicarse a sí mismos, experimentando placer primario simplemente siendo pasivos o centrándose en sí mismos. Sus experiencias tempranas les han enseñado a sobrevalorarse. Su seguridad y superioridad puede estar fundada sobre premisas falsas; es decir, puede que no se apoyen en logros reales o maduros. Sin embargo, los narcisistas asumen alegremente que los demás reconocerán su cualidad de ser especiales. Por tanto, mantienen un aire arrogante de seguridad en sí mismos y, sin pensarlo ni pretenderlo conscientemente, explotan a los demás en beneficio propio. Aunque las atenciones de los demás son bienvenidas y alentadas, su aire de esnobismo y superioridad pretenciosa requiere poca confirmación de logros reales o de aprobación social. Su confianza sublime en que las cosas van a salir bien les motiva poco para implicarse en el “toma y daca” de la vida social. 

Características de la personalidad narcisista

  • Mantienen una imagen auto-construida de grandeza y superioridad.
  • Padecen un déficit en la percepción de los demás; una dificultad para identificarse con otras personas que a la larga les genera un sentimiento de aislamiento y soledad. 
  • Aceptan con dificultad cualquier crítica u opinión diferente a la suya.
  • Experimentan una baja tolerancia a la frustración o cualquier situación que no se ajuste exactamente a sus expectativas.
  • Necesitan a todas horas ser vistas y tener el protagonismo.
  • Perciben a los demás casi exclusivamente en función de la utilidad para satisfacer sus propias necesidades.
  • Tienen dificultad para sentir ciertas emociones como tristeza, necesidad afectiva y vulnerabilidad.
  • Evalúan las situaciones y las personas en términos muy polarizados del tipo todo-nada.
  • Escasa conciencia de sus sentimientos íntimos y necesidades profundas que les evita enfrentarse a una crisis de identidad.

Tipos de narcisistas

Según Theodore Millon, en una diferenciación más afinada de este problema describe cuatro tipos de personas narcisistas:

  1. Narcisista sin escrúpulos. Son individuos con pocas prohibiciones morales internalizadas que pueden ser crueles, despiadados y explotadores.
  2. Narcisista compensador. Desarrolla una ilusión de superioridad pero esconde un profundo sentimiento de deficiencia, probablemente fruto de haber recibido una profunda herida en su infancia. Al igual que las personalidades evitadoras, estas personas son extremadamente sensibles al juicio ajeno y a la desaprobación.
  3. Narcisista apasionado. Presenta rasgos histriónicos y busca el hedonismo sexual seduciendo y tratando a sus semejantes como objetos con los que satisfacer sus propios deseos.
  4. Narcisista elitista. Cree formar parte de una raza a parte y estar hecho de una pasta superior. Lo que teme realmente es asumir la mediocridad y buscan desesperadamente la admiración y el reconocimiento de los demás.

Expresión del trastorno narcisista de la personalidad de acuerdo a laos ámbitos funcionales y estructurales de la personalidad.

Prototipo narcisista

De acuerdo a los procesos funcionales, las personas con personalidad narcisista se comportan:

  • Expresivamente arrogante. Se comporta de forma arrogante, altanera, pomposa y desdeñosa, se siente por encima de las normas de convivencia y las califica de superficiales o inaplicables para sí mismo; muestra una descuidada falta de atención por la integridad de las personas y una indiferencia presuntuosa hacia los derechos de los demás.
  • Interpersonalmente explotador. Carece de empatía, se cree el centro de atención y espera favores especiales sin asumir responsabilidades recíprocas; se toma excesivas confianzas sin ningún reparo y utiliza a os otros para fortalecerse a sí mismo y satisfacer sus deseos.
  • Cognitivamente expansivo. Posee una imaginación desenfrenada y está enfrascado en inmaduras y glorificantes fantasías de éxito, belleza o amor; se ajusta mínimamente a la realidad, se concede licencias en cuanto a los hechos y suele mentir para mantener sus ilusiones. 
  • Mecanismo de racionalización. Se engaña a sí mismo y tiende a elaborar razones plausibles para justificar su egocentrismo y su comportamiento socialmente desconsiderado; encuentra coartadas para situarse en la mejor posición posible a pesar de los evidentes obstáculos o fracasos.

De acuerdo a atributos estructurales, las personas con personalidad narcisista tienen

  • Autoimagen admirable. Cree que es una persona de mérito, especial (si no única), que merece una gran admiración; se comporta de forma grandiosa y con una gran confianza, a menudo con logros significativos; tiene un elevado concepto de sí mismo a pesar de ser visto por los demás como egocéntrico, desconsiderado y arrogante.

 

  • Representaciones artificiales. Representaciones internalizadas compuestas en mayor medida de lo normal por recuerdos ilusorios y cambiantes sobre relaciones pasadas; los impulsos y conflictos inaceptables con rápidamente remodelados en cuanto surge la necesidad.
  • Organización espuria. Las estructuras morfológicas que subyacen a las estrategias defensivas y de afrontamiento tienden a ser débiles y transparentes, parecen más sustanciales y organizadas de lo que son en realidad; la regulación marginal de los impulsos, la mínima canalización de las necesidades y la creación de un mundo interno en el que se descartan los conflictos sirven para la rápida justificación de los errores y la reafirmación.
  • Estado de ánimo despreocupado. Manifiesta un aire general de indiferencia, imperturbabilidad y fingida tranquilidad; parece poseedor de una frialdad no impresionable u optimista a ultranza, excepto cuando se ve amenazada su confianza narcisista, momento en el que aparecen breves muestras de ira, vergüenza o sentimientos de vacío.

 

 

salud mental

Definiendo la terapia gestalt

Por Fundación AMAI - TLP, TLP y la Salud Mental

La terapia Gestalt es una disciplina de psicoterapia humanista que se guía por el siguiente principio: cada individuo es un todo (mente, cuerpo y alma). Y para que este pueda ser mejor entendido, debe ser comprendida la relación subjetiva que establece con su realidad. Este enfoque terapéutico fundamenta su trabajo en los siguientes tres pilares: la conexión con el presente o el “aquí y ahora”, la toma de conciencia o el “darse cuenta” y la toma de decisiones o responsabilidad. 

El objetivo fundamental de la terapia Gestalt no es otro que el de poner en contacto o reconectar al paciente con su potencial. Esto se hace a través de la exploración, comprensión y aceptación de su situación actual. Este análisis introspectivo permite que la persona interactúe con su conciencia.

Mediante este aprendizaje, se facilita el cambio y el crecimiento personal. Las personas que llevan a cabo un proceso de terapia Gestalt exploran, con la ayuda del terapeuta, sus sentimientos, pensamientos, conductas, creencias y valores. Lo que les sirve para desarrollar conocimiento acerca de cómo se le presentan y de cómo tienden a responder. Esta búsqueda les ofrece la oportunidad de conocer su modo de funcionar y desarrollar estrategias. Con el fin de poder responder en vez de reaccionar: identificando elecciones, patrones de conducta y obstáculos que afectan negativamente a su bienestar o calidad de vida. Para poder así, desarrollar eficazmente su manejo y potencial.

La prioridad central de la terapia Gestalt reside en que los pacientes puedan construir y mantener una conciencia no juiciosa de lo que hacen, cómo lo hacen y cómo pueden cambiarlo. Para que, progresivamente, aprendan a aceptarse y valorarse. Siguiendo esta filosofía de trabajo, cobra especial importancia dotar al paciente de recursos para aprender a identificar y definir lo que vivencian. O como lo experimentan en lugar de caer únicamente en la interpretación mental de dicha experiencia.

El proceso terapéutico gestáltico incluye diversas técnicas expresivas y creativas desarrolladas en colaboración por terapeuta y paciente. Se persigue fomentar el desarrollo de la autonomía, la responsabilidad y la creatividad de los pacientes. Al ayudar a la persona a ser más consciente de cómo piensa, siente y actúa en el momento presente. De esta manera, se crea un espacio en el que pueden surgir nuevas formas de comprensión y afrontamiento de las situaciones de malestar. Y esto, a su vez, genera una nueva perspectiva de vida. En otras palabras, a través del trabajo de autobservación se cimenta el autoconocimiento. Y de este modo, se facilita la asunción de una mayor responsabilidad sobre las actitudes propias. Lo que deriva en una mayor autonomía y autogestión. 

 

Los principios de la Terapia Gestalt

Contacto: Aquí y ahora

Para la terapia Gestalt el sufrimiento puede tener su origen o explicarse a través del impacto en nuestra salud del “parloteo” mental o diálogo continuo. La mente con un exceso de pasado se deprime. Y la mente con un exceso de futuro se agobia. En cualquier caso, cuando ponemos toda nuestra atención y energía en la mente. Nos alejamos de la experimentación de la realidad en el presente. Desconectándonos del único momento en el que realmente podemos cambiar, el aquí y el ahora. 

Al entender y trabajar nuestra manera de pensar y experimentar el presente, que es donde podemos incidir, estamos interviniendo igualmente sobre nuestras maneras de plantearnos el futuro que está por venir. Además, del modo en el que echamos la vista atrás para revisar el pasado. Esto ocurre puesto que poner la atención en la propia vivencia nos permite, por un lado, agilizar nuestra habilidad para reconocer nuestra forma de experimentar la realidad. Y por otro, tener más conciencia y poder de decisión a la hora de cambiar nuestra manera de ver las cosas. En otras palabras, podría decirse que escuchar y estar abiertos a nuestra manera de vivenciar la realidad, sin luchar con el pasado ni vivir adelantándonos al futuro. Lo que nos permite potenciar nuestra inteligencia y regulación emocional.

Toma de conciencia “Darse cuenta”

En la Terapia Gestalt es imprescindible tomar conciencia de lo que nos ocurre. A través de la conexión con la experiencia, los sentidos y emociones y el aprendizaje de los mismos, tiene lugar el crecimiento de la persona. Para ello es importante poner el énfasis en lo que se experimenta en el aquí y el ahora. Pasado y futuro quedan relegados a un segundo plano para disponer nuestra atención al servicio de la experiencia actual sin “ruidos mentales”. Y poder así, aprender de la información que nos brinda para utilizarla en nuestro beneficio. Para la terapia Gestalt, es gracias y a partir de esa “revelación” o toma de conciencia que puede darse el cambio. Y mediante la detección de nuevas perspectivas de concebir mi realidad en el aquí y el ahora en términos que nos acerquen más a la autorrealización.

Responsabilidad

La responsabilidad para la terapia Gestalt hace alusión al manejo funcional de la culpa y el resentimiento. Puesto que la Gestalt puede considerarse como una forma de terapia y/o filosofía de vida en la que el autoconocimiento y la responsabilidad son factores esenciales para el crecimiento personal. Se considera que a partir de la aceptación de los errores y de los riesgos, se gana autonomía. Puesto que se abre el abanico de posibilidades en las que la persona puede actuar y responder.

Siguiendo este razonamiento, es fundamental asumir la responsabilidad de los actos propios. Así como hacerse cargo de las consecuencias de estos. Pero sin caer por ello en un juicio de culpa que no genera aprendizaje, pero sí trae sufrimiento. La aceptación, por tanto, es parte fundamental del crecimiento de la persona y condición necesaria para la asunción de responsabilidad.

Todo esto puede entenderse mejor acompañado de una frase que ilustra esta intervención terapéutica: “El único error real es aquel del que no aprendemos nada”. Es por este motivo que los terapeutas que se adscriben a la Terapia Gestalt entienden que sus intervenciones deben focalizarse en la autonomía. y además, las potencialidades de la persona, como la metáfora del pez y la caña de pescar. 

En definitiva y a modo de reflexión final, cabría subrayar que la prioridad más reseñable de la terapia Gestalt radica en movilizar los recursos de la persona. Con el fin de que pueda reestructurar su equilibrio y perseguir un bienestar y calidad de vida, adaptado a su realidad. Mediante la construcción de relaciones dinámicas entre la conducta y las necesidades, deseos y carencias. Promoviendo la toma de conciencia en el presente y asumiendo responsabilidad, se pone en contacto a la persona con su capacidad y potencial.

Quizás el mayor alcance de la corriente gestáltica es que ésta logre trascenderse, convirtiéndose en un estilo de vida. El cual nos invita a vivir con conciencia e intención, aceptando lo que es, sin luchar ni forzar. Reconociendo nuestras vulnerabilidades e identificando nuestras fortalezas, aceptando lo que somos en realidad y buscando el modo de conocernos, entendernos y valorarnos. 

GESTALT ES:

MENOS MÁS
Control Libertad
Pasado y futuro Presente
Intelectualizar Sentir
Rechazar Aceptar
Imaginar Experimentar
“Tengo que” “Quiero”

 

 

testimonio

¿Qué aprendizaje me ha dejado ir a terapia? Por Lola

Por Fundación AMAI - TLP

#PersonasAMAITLP
Lola

Empecé la terapia con dudas sobre si funcionaría o no. Tras el recorrido que llevo, y después de haber cambiado de profesionales a lo largo de mi enfermedad, si antes creía poco en los psicólogos y psiquiatras- no tengo qué decir cómo fue eso de cambiar otra vez y empezar de nuevo a tratarme- tengo que decir hoy en día que me alegro muchísimo de haberme dado otra oportunidad y confiar en los profesionales de AMAI.

No solo he recuperado la confianza, sino que he hecho grandes avances junto a mi psicóloga. Avances que nunca creía que pudiera hacer, y el día que hablo con ella, para mí es un día positivo, una marca de felicidad que me queda para el resto de la semana. Es difícil explicar cómo se siente uno cuando tiene un problema mental, parece que estas metido en un bucle y no avanzas, pero a lo largo del tiempo se asoma un rayo de luz que sin saberlo, has cambiado respecto a  cuando empezaste.

Aunque los problemas se acumulen, tengas bajones y aumenten las ganas de curarte cuanto antes, siempre tengo a mi psicóloga, en la cual he depositado toda mi confianza. Como le dije un día, para mi es mi “ángel de la guarda’’.  Es que es mi cerebro sacado de la cabeza y convertido en persona “jajajaja”. 

Espero continuar con ella el tiempo que necesite y, sin duda, si lo que tengo que responder es: ¿Qué aprendizaje me ha dejado la terapia? Mi respuesta es “todo’’. No se qué sería de mí hoy si no hubiera descubierto AMAI.

 

investigaciones

Lo que las investigaciones nos cuentan del TLP

Por Fundación AMAI - TLP, TLP y la Salud Mental

Hablar de investigación y Trastorno Límite de la Personalidad, es abordar un tema amplio, no solo por el hecho de la complejidad de la sintomatología que describe el diagnostico, si no también, por la variabilidad en las investigaciones que se realizan sobre el tema. Al mismo tiempo, muchos de los resultados obtenidos no logran responder de forma clara las preguntas iniciales que se plantean. Ocurre también que son diversas las preguntas que surgen a la hora de realizar una investigación, como por ejemplo, nos podemos preguntar ¿cuántas personas sufren esta sintomatología?, o ¿por qué surge este padecimiento?, ¿cuáles son los tratamientos que hay para reducir o eliminar la sintomatología?, ¿el tratamiento funciona igual a todos?, en fin… una lista amplia de interrogantes que surgen no solo en las personas que tiene un diagnóstico, sino también en los familiares, profesionales e investigadores que nos dedicamos a encontrar respuestas.

Al hablar de investigación es importante señalar que hay diversas formas de investigar y que cada una de estas formas se elige en función de las preguntas que nos formulemos al inicio. Y, por supuesto, por los resultados que esperamos encontrar. El objetivo del presente escrito es mostrar algunas conclusiones bastantes aceptadas, de lo que sabemos sobre el Trastorno Límite de Personalidad, conclusiones que son producto de la acumulación de resultados de una amplitud de investigaciones. Nos centraremos en tres áreas de investigación, que buscan responder a tres preguntas fundamentales. La primera de ellas atiende a la epidemiología; es decir, ¿a cuántas personas afecta esta sintomatología, o se diagnostica de TLP en España? La segunda de las áreas de investigación que abordaremos es la etiología, es decir ¿por qué surgen este conjunto de síntomas que señalan un diagnóstico de TLP? Por último, responderemos a lo que se puede hacer para reducir el sufrimiento; es decir, ¿cuáles son los tratamientos más adecuados?

Para abordar la primera interrogación, relacionada con la cantidad de personas que sufren de estos síntomas, recurriremos a un estudio realizado por la asociación AMAI TLP, que recoge información sobre los trastornos de personalidad en general y sobre trastorno límite de la personalidad en particular. En el año 2017 se realizaron 1.203.647 diagnósticos de enfermedad mental en España, 25.026 eran diagnósticos de trastornos de personalidad, el 2,08%. Entre el 30 y 60% de los trastornos de personalidad son TLP, por lo que se considera que entre el 1% y 2% de la población general puede sufrir síntomas de Trastorno de personalidad limite. Kaplan, Sadock y Grebb (1994) estiman que, de los que se diagnostican con tal trastorno, el 70-77% son mujeres, y además, un dato alarmante, es que cerca del 10% de los pacientes con dicho diagnóstico se suicidan (Paris, 1993; Nehls, 1999).

El conjunto sintomático que conforma lo que denominamos trastornos de la personalidad, constituyen un conjunto de problemas psicológicos agrupados habitualmente bajo una sección específica de los sistemas de clasificación internacionales, el DSM-IV (APA, 1994) y la CIE-10 (OMS, 1992) y separada del resto de los trastornos clínicos. Las investigaciones se han centrado en dimensiones clínicas que permiten un anclaje más sólido de los datos neurológicos que son estudiados y obtenidos en relación con el TLP como la desregulación emocional o la inestabilidad afectiva, la impulsividad, la sensibilidad interpersonal o el trauma.

Las investigaciones sobre la etiología, que son aquellas que buscan conocer el origen o la causa de este padecimiento, son quizás los estudios que reportan un mayor número de publicaciones. En 1991, Siever y Davis inauguraron la investigación de las bases neurobiológicas del TLP, proponiendo que los problemas de regulación afectiva y la impulsividad tenían fundamentos cerebrales evidente, la hipótesis señala que podría existir una correspondencia entre dimensiones sintomáticas y determinados sistemas de neurotransmisión, lo cual a su vez tendría una correspondencia con trastornos psiquiátricos. Hay investigaciones que señalan que el órgano encargado de la regulación de las emociones, la amígdala, en las personas que sufren de estos síntomas, producen una mayor cantidad de un neurotrasmisor que genera una mayor activación física.

En este orden de ideas las investigaciones señalan que las cantidades de sustancias como la acetilcolina o cortisona son mayores en las personas que tiene una mayor labilidad afectiva. Por tanto, la combinación de la hiperreactividad de la amígdala izquierda a estímulos negativos y un déficit de la actividad del prefrontal serían los hallazgos más consistentes en la investigación neurobiológica del TLP, sin embargo, hay una gran variabilidad en cuanto a las áreas del prefrontal que estarían afectadas.

En el año 2000, Torgensen et al. hallaron un 68% de heredabilidad del trastorno, lo cual, en principio, echaba por tierra todas las teorías previas sobre las causas ambientales como generadoras exclusivas del cuadro. Bajo este parámetro, se le consideraba como un trastorno con síntomas heredables –desregulación afectiva e impulsividad, que implican anomalías cerebrales detectables por técnicas de imagen. Estudios en gemelos sugieren que el factor de heredabilidad, influencia genética, del TLP es del 69%.[1]

Sin embargo, también existen investigaciones que señalan que el origen puede estar asociado a un trauma o a experiencias traumática infantiles incluso previas al nacimiento, que han marcado de forma estructural el funcionamiento de las personas que sufren estos síntomas. Los resultados encontrados en investigación con respecto al trauma hablan de que en aquellos trastornos en los que existen antecedentes traumáticos, se ha observado una respuesta exagerada de cortisol ante estímulos mínimos de dexametasona, manifestada por una mayor supresión en la respuesta. La hipersupresión se correlacionaría con una mayor inestabilidad afectiva, mayor impulsividad y gravedad clínica. Esto reflejaría un peor funcionamiento social, familiar y laboral, y clínicamente se manifestaría por un aumento en el número de intentos de suicidio (Kazuhiro Tajima-Pozo, Ana Montes-Montero,Itziar Guemes,Sara González Vives, Marina Díaz-Marsá, Jóse L. Carrasco, 2013).

Mary C. Zanarini -psicóloga del departamento psiquiátrico del Hospital McLean, Belmont, Massachusetts- publicó que el 84% de quienes sufren TLP describen de forma retrospectiva haber sufrido experiencias traumáticas precoces de malos tratos psíquicos y negligencia por parte de ambos progenitores antes de cumplir los 18 años. [2] “El 80% de los jóvenes que padecen trastorno de la personalidad han sufrido acoso”, según afirma el Dr. José Luis Carrasco, profesional experto en TLP de reconocido prestigio, quien también asegura que “Nueve de cada diez víctimas de acoso escolar desarrollan secuelas psicológicas graves”.

Estas investigaciones nos permiten señalar que las causas de este padecimiento pueden tener diversos desencadenantes, donde los aspectos neurobiológicos influyen en la intensidad de respuesta emocional de los pacientes que gatilladas por situaciones traumáticas vividas a lo largo la historia del desarrollo, propician patrones de comportamiento negativo que afecta a la persona misma y a su entorno.  En los últimos años, se ha venido realizando un amplio número de estudios con el fin de identificar marcadores de riesgo o de vulnerabilidad en el desarrollo del trastorno límite de la personalidad. Los factores etiológicos propuestos se pueden sintetizar en seis grupos, por un lado, tres corresponderían a una naturaleza medioambiental: 1) separaciones en la infancia, 2) compromiso o implicaciones parentales alteradas, y 3) experiencias de abuso infantil.  Y por el otro, hay tres marcadores que tienen que ver más con una naturaleza constitucional: 1) temperamento vulnerable, 2) tendencia familiar a padecer ciertos trastornos psiquiátricos, y 3) formas sutiles de disfunción neurológica y/o bioquímica (Zanarini et al., 1997). Este planteamiento nos lleva a entender que el tratamiento no es simple, si no por el contrario debe ser abordado desde múltiples áreas de atención.

Las investigaciones que buscan identificar los tratamientos mas efectivos que logran minimizar los síntomas y reducir el sufrimiento, nos revelan que en los últimos 8 años la prescripción de antidepresivos se ha mantenido alta en el 80% de los pacientes de TLP, se aprecia una disminución en el uso de benzodiacepinas y un aumento significativo en el uso de estabilizadores del ánimo y antipsicóticos atípicos. En general los  fármacos más utilizados han sido los siguientes (Dimeff, McDavid y Linehan, 1999): a) antipsicóticos, empleados para tratar las cogniciones alteradas, incluyendo la paranoia, las ideas de referencia, las disociaciones y las alucinaciones, b) antidepresivos, prescritos sobre todo para reducir la disforia asociada al rechazo personal, c) estabilizantes del estado de ánimo y anticonvulsivos, para regular los intensos cambios de humor, y normalizar los estados de impulsividad y agresión, y d) benzo-diacepinas, dirigidas a reducir la ansiedad, los episodios de hostilidad y las alteraciones del sueño.

La comunidad científica está cada vez mas convencida de que la intervención debe ser compleja e incidir en las diferentes áreas que afectan a las personas, planteando una posible explicación a los bajos índices de recuperación que señalan las investigaciones. Un dato alentador en este sentido no lo comunica Zanarini (2010)[3] donde confirma que más del 90% de los pacientes de TLP desarrollan un 50% de recuperación sostenida (buen funcionamiento social y laboral y ausencia de criterios diagnósticos mantenidos durante al menos dos años) tras más de 10 años de seguimiento del tratamiento.

Los datos obtenidos de los tratamientos psicológicos no son muy amplios, tampoco son claros, y además es difícil la comparación entre diferentes investigaciones, limitando las conclusiones acerca de la eficacia del trabajo de intervención. Sin embargo, a parte del tratamiento farmacológico, la intervención suele estar acompañada de una terapia individual, donde los dos modelos terapéuticos mas utilizados, serian aquellos de corte más dinámico, y por otro lado las propuestas cognitivo-conductuales, ambos tienen amplias referencias en el tratamiento, y su uso es extendido hoy en día por instituciones que se dedican al tratamiento de los TLP.

Al mismo tiempo se han planteados modelos de intervención grupal, que permitan atender los patrones de interacciones sociales negativas que tan común son en estos casos, así como terapia familiar. Se observa que las familias muestran un alto grado de ansiedad, y confusión ante el comportamiento de sus familiares y el apoyo a las familias es un factor de reducción de ansiedad en la convivencia familiar. Se considera que la atención del contexto familiar, un terapeuta de referencia, mantenido en un tratamiento constante, una pauta farmacológica estable, acompañado con el trabajo grupal y social, favorece la estabilidad en los pacientes que padecen de esta sintomatología, reduciendo los comportamientos de riesgo y las conductas impulsivas. De la misma forma se ha investigado la duración del tratamiento, señalando que las terapias que se inician a edades más tempranas, y mantienen una relación terapéutica duradera, obtienen mejores resultados.

Aún queda mucho por investigar, la labor investigadora nos revela que una respuesta lleva a más preguntas, es una búsqueda constante por descubrir nuevos aspectos, que faciliten la mejoría de los pacientes y disminuya su sufrimiento. Es un abordaje que debe realizarse desde muchas áreas del paciente, incluyendo su contexto y su historia para una mejor compresión de lo que significa, la sintomatología del TLP en nuestros pacientes.

 

 

[1] Fuente: Atención a las personas con Trastorno limite de personalidad en Andalucía (2012)

https://consaludmental.org/publicaciones/AtencionpersonasTLPAndalucia.pdf (39)

Fuente: Guía de práctica clínica sobre Trastorno límite de la personalidad. Generalitat de Catalunya (2011)

http://www.guiasalud.es/GPC/GPC_482_Trastorno_Limite_Personalidad.pdf (45)

[2] Fuente: Guía de práctica clínica sobre Trastorno límite de la personalidad. Generalitat de Catalunya (2011) http://www.guiasalud.es/GPC/GPC_482_Trastorno_Limite_Personalidad.pdf (143)

[3] Fuente: Atención a las personas con Trastorno límite de personalidad en Andalucía (2012) https://consaludmental.org/publicaciones/AtencionpersonasTLPAndalucia.pdf (38)

 

testimonios

¿Por qué decidí ir a terapia? Por Yolanda Encinas

Por Fundación AMAI - TLP, Testimonios

#PersonasAMAITLP
Yolanda Encinas
Paciente TLP en terapia con AMAI

Hola. Mi nombre es Yolanda. Tengo 51 años. Y como todo en mi vida, esta pregunta es bastante difícil de responder para mí. Ni siquiera tengo claro que tomara una decisión valiente para empezar la terapia. Creo que fueron más bien las circunstancias las que me llevaron a un callejón sin salida y fue entonces cuando sentí que debía pedir ayuda. Me ahogaba y me encontraba desesperada. Perdí la custodia de mí hija y ese fue el punto de inflexión.

Siento que mis padres, con claros signos de traumas no resueltos, tiraron mi vida por la borda. Y llevo toda mi vida intentando no ahogarme en un océano de miedos, dudas e incertidumbres. La ignorancia, la estupidez, la falta de dinero o interés… nunca tendré la certeza ya. Quizá nací así o me hice, o me hicieron. O todo se conjuró en mi contra. No lo sé. 

Quiero a mi hija y quiero estar en su vida, ayudarla a crecer, no abandonarla. Ella es mi guía y mi razón para la terapia. Quiero que mi hija esté orgullosa de mí y quiero enseñarla a luchar aún cuando las circunstancias sean adversas. Quiero hacer lo mejor posible para ella, para que pueda encontrar su lugar en la vida y su sentido. 

Quiero creer que, de algún modo, mi vida puede tener un sentido. Pero no puedo hacerlo sola. He sido soberbia en el pasado y no he querido aceptar mi enfermedad. Tampoco mi familia. Y quiero dejar de negarme, quiero afrontar lo que soy y mejorarlo. Quiero llevar una vida tranquila y lo más cercana a la normalidad que pueda. Quiero bajarme de esta montaña rusa y descansar.

Y eso solo puede ser posible a través del proceso y ayuda de la Terapia.

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terapia

¿Por qué decidí ir a terapia? Por Carmen Romero

Por Fundación AMAI - TLP, Testimonios

#PersonasAMAITLP
Carmen Romero

¿Por qué voy a terapia?… porque la necesito. Durante muchos años pensé que iba a terapia solo como un proceso de trabajo y crecimiento interior, pero he tenido que asumir que tengo un problema mental y que necesito la terapia.  No me gusta. No me gusta ir, porque siento que pierdo mi poder, que soy dependiente y cada vez que asisto a una sesión he de enfrentarme a la verdad de que soy una enferma mental. Y esta expresión en mí tiene todavía mucho peso.

Pero la necesito, me guste o no y sigo yendo, porque la terapia me ayuda a conocerme, a quererme, a sentirme valiosa, a enfrentarme a mis sombras, conocerlas y aprender a gestionarlas para que no me dañen  ni a mi ni a los demás, y también me muestra mi lado positivo y luminoso.

Voy a terapia porque necesito un anclaje, saber que hay una persona que entiende lo que me pasa y que me va a ayudar a gestionarlo y sobre todo, voy a terapia porque tengo miedo, porque a veces mis procesos mentales me arrastran a un infierno del que si voy a ser capaz de salir sola. A veces la simple certeza de que tienes cerca una sesión es un alivio para un dolor emocional que puede ser insoportable.

Voy porque necesito aprender a gestionarme, porque las cosas más simples me suponen un auténtico caos y un esfuerzo sobrehumano. Porque a veces mi confusión mental hace que lo cotidiano sea casi imposible. 

Voy porque la necesito, porque sufro Trastorno Bipolar y TLP y porque no sé hacia donde me dirigiría si no tuviera la terapia y sobre todo, voy porque me aferro a la confianza de que me va a ayudar a vivir de un modo mucho más pleno.

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miedo

Del miedo a la humildad por Miriam Talón

Por Fundación AMAI - TLP, Sin categoría

El tiempo de confinamiento parece estar llegando a su fin. Tras más de dos meses, hemos comenzado la desescalada y parece que el esfuerzo conjunto empieza a dar sus frutos. Aún no sabemos mucho sobre el Coronavirus, pero todos hemos remado en la misma dirección y hemos conseguido reducir el número de contagios y fallecidos. 

Ha sido una pausa demasiado larga, un interludio complicado para el que no estábamos preparados; un paréntesis obligado en el que todos hemos experimentado en alguna medida la incertidumbre, la inseguridad, quizá también de miedo.  

Nuestra vida ha cambiado, nuestra forma de movernos en el mundo y de relacionarnos ya no será la misma. Caminamos hacia una “nueva normalidad” que nos obliga a dibujar nuevos escenarios nada “normales” para nosotros. 

Según los epidemiólogos, este virus ha llegado para quedarse y tendremos que convivir con él, así como con las mascarillas, el distanciamiento social y los geles hidroalcohólicos. Es curioso como un patógeno de apenas treinta nanómetros ha cambiado tanto nuestra vida cotidiana. Tantos cambios, tanta incertidumbre, hacen que nos sintamos indefensos, vulnerables. Hoy observamos perplejos cómo un virus nos ha despojado de la seguridad que creíamos necesidad cubierta. 

La mayoría de las veces, lo desconocido asusta, lo que inexplorado nos produce miedo. Ahora bien, ese miedo revela hasta qué punto son inesperadamente similares nuestras frágiles vidas y nuestra humanidad común.

El Premio Nobel Orhan Pamuk (quien curiosamente prepara un libro sobre la peste de 1901), publicó hace poco un artículo en el que reflexionaba sobre este temor; este recelo primario que el ser humano ha experimentado en todas las pandemias pasadas. “El miedo, nos hace sentirnos solos, pero la conciencia de que todos estamos viviendo una angustia similar, nos saca de nuestra soledad y termina convirtiendo el miedo en solidaridad”.  

Al leer esta reflexión, mi mente divagó hasta mis propios temores y, en ese viaje interno, me topé con el momento en que todos mis miedos se hicieron presentes. Fue hace nueve meses, cuando mi psiquiatra respondió a la pregunta “¿qué me ocurre?” con un diagnóstico: “Trastorno Límite de la Personalidad”. Como ya os comenté no era la primera vez que me topaba con esta definición; once años antes, en mi primer ingreso en un hospital psiquiátrico, la respuesta a mi pregunta fue la misma, pero yo no fui capaz de enfrentarme a ello. 

En esta ocasión, me creí muy valiente, pero en realidad estaba tan asustada que no fui capaz de seguir adelante. Me llené de oscuridad, de culpa, de vergüenza… sólo se me ocurrió odiarme por lo que me ocurría y no darme tregua. Y así, convertida en temor, conviví seis meses en el lugar más tenebroso de mi mente, sintiéndome totalmente sola en un mundo lleno de gente. Sé que para muchos es un alivio recibir el diagnóstico, pero a mí me paralizó el miedo y cercioró todas mis certezas. El desenlace fue un nuevo ingreso en una unidad de psiquiatría. Aquel en el que, como ya os comenté, escuché por primera vez la palabra Coronavirus. 

Fue en aquel hospital donde entendí cómo el miedo puede empujarnos a encerrarnos en nosotros mismos, atemorizándonos con su penumbra. El miedo nos aísla, nos desarma, nos silencia. Pero también, como decía Pamuk, la conciencia de que ese dolor no es único, nos saca de nuestra soledad. 

Allí conviví con muchas personas, cada uno con su propio diagnóstico, pero todos teníamos algo en común: nos sentíamos muy solos y esa soledad, nos daba miedo. Afortunadamente, en el hospital psiquiátrico me hablaron de AMAI TLP y me explicaron que no estaba sola, que había más personas como yo y que sus especialistas podrían ayudarme.

Tras empezar la terapia en AMAI TLP, entendí esa otra cara del miedo a la que se refería Pamuk; el miedo también nos enseña a ser humildes, nos habla de nuestras limitaciones y nos obliga a mejorar. Así, desde esa humildad, podemos entender que no todo está bajo nuestro control, que hay situaciones que nos superan y que, ante el miedo, el único acto que puede salvarnos es la humildad; aceptar lo que ha tocado vivir, con las ganas puestas en mejorar, en buscar ayuda; ser humildes para reconocernos vulnerables, pero no por ello rotos del todo.

Al comprender que había otras personas con mi diagnóstico y que existían profesionales especializados en ello, dejé de tener miedo. La inquietud compartida, produce un sentimiento de solidaridad, un no sabernos solos ante lo que está ocurriendo. Con ello, parece que el miedo deja de atormentarnos y podemos descubrir cierta humildad en el hecho de no sentir nuestro temor como único, sino como un sentimiento tan global como este virus, tan inseparable de cada uno de nosotros como la fragilidad de nuestra existencia. Es en ese punto cuando el miedo se convierte en humildad, en compasión hacia nosotros mismos, pero también hacia los otros.

Me costó mucho, pero finalmente entendí que, al igual que ahora todos tendremos que convivir con este virus, yo tendría que convivir con el TLP sin esconderlo, sin tenerle miedo, con humildad. Porque no soy la única, porque ya no estoy sola en un mundo lleno de gente, porque somos muchos los que vivimos con este trastorno y a todos nosotros nos queda mucho por vivir.

Miriam Talón
#PersonasAMAITLP

Familia

La gran familia de AMAI TLP y sus actuaciones en momentos de crisis

Por Fundación AMAI - TLP, Prevención, Sin categoría

La familia es el contexto natural de las personas, donde crecen, reciben apoyo y refugio. Es la unidad elemental y primaria donde los seres humanos tenemos nuestra base fundamental de nutrición emocional (amor, reconocimiento, respeto, validación y valoración), y donde aprendemos a relacionarnos con los demás. Es nuestro apoyo, más en momentos difíciles, y es la portadora de modelos de resolución de problemas. La familia es necesaria siempre, pero más si cabe en los tiempos de pandemia.

Podemos definir “catástrofe” como una desgracia abrumadora que nos supera o no se puede solucionar ni de forma inmediata ni fácilmente. Sin embargo, nuestra vida continua con un incremento de inseguridad en lo más básico, en la salud. Un agente extraño, que ahora todos nombramos, COVID-19, pero que sigue siendo un gran desconocido, ha incidido en nuestras vidas, en el contexto global y en todas las facetas de la vida: individual, familiar y social.

Tanto las personas con TLP como sus familias han tenido que adaptarse y adaptar su vida a la nueva situación, con un aumento de los estresores que, de por sí, ya se dan en las familias de los afectados. Tener que protegerse de algo desconocido acrecienta la tensión y la vulnerabilidad emocional, aumenta la angustia y los miedos al abandono, a posibles pérdidas personales o de personas próximas.

El aumento del tiempo de contacto en el núcleo familiar, compartiendo la vida entre las mismas cuatro paredes, incrementa la posibilidad de la conflictividad. Los problemas de comunicación o de impulsividad se pueden hacer más presentes en esta situación.

La falta de rutinas hace que todos los días puedan parecer igual, puede alterar la organización del día a día y descuidar el autocuidado más básico. Se pueden ver alterados hábitos como el sueño y la alimentación, y la desorganización de horarios son frecuentes.

Estas variables influyen en la familia y el sistema tiene que adaptarse lo mejor posible, protegiendo y creando soluciones para todos, especialmente para los más vulnerables, las personas con TLP, con alta sensibilidad a estímulos emocionales, que dan respuestas de alta intensidad.

¿Qué alternativas puede tener la familia ante esta situación?

Lo que sigue son una serie de reflexiones y recomendaciones para las familias en estos tiempos.

  • Es importante dedicar un tiempo para hablar en la familia de lo que está sintiendo cada uno, validando la emoción y reforzando el hecho de poder comunicarse, sin juzgar y sin exigencias de cambios emocionales que no se pueden controlar. Hablar para tranquilizar y validar, con información útil y veraz, desdramatizando y siendo consecuente con la realidad.
  • Es importante estructurar rutinas diferenciadas para cada uno, en donde todos participen pero que se diferencien en función de preferencias y roles,
  • Es conveniente desarrollar tareas y actividades gratificantes, en las que cada persona puede disfrutar y desconectar del contexto familiar.
  • Es necesario un tiempo para mantener el vínculo con otras personas relevantes para cada miembro de la familia: amigos, otros compañeros de la asociación, familia extensa, …
  • No debemos olvidar al cuerpo, cuidarlo, moverlo, estimularlo haciendo actividadescomo bailar, estiramientos o andar en los momentos que se puede salir.
  • Podemos guardarnos al menos un momento al día para desconectar de nosotros mismos, con relajación, meditación, mindfulness, …
  • Puede ser gratificante planificar algo especial en familia para los fines de semana. Hacer algo diferente en los días de fiesta hace que la semana se pase más rápida y facilita la aceptación del paso del tiempo.

¿Qué está haciendo la Asociación? o ¿Cómo se está adaptando la Asociación?

Como si fuera una extensión del sistema familiar, AMAI TLP ha sabido adaptarse a la situación de alarma sanitaria, cumpliendo con los requisitos de proteger lo mas preciado, que es la salud de sus socios y de sus trabajadores. Aceptar el confinamiento ha significado una respuesta de responsabilidad social y un esfuerzo extra para seguir cumpliendo con el objetivo primario, que es atender a las personas con TLP y sus familias.

Para ello ha facilitado la teleasistencia, se han seguido manteniendo las citas mediante video llamadas. La atención de los psicólogos, por esta vía telemática, proporciona continuidad a las terapias ya establecidas y da oportunidad para nuevos casos que lo necesiten.

El teléfono de contacto de la Asociación mantiene su horario de atención para todos los que necesiten información, consulta o apoyo. Tenemos un tiempo especialmente dedicado a las llamadas de las familias.

Hemos mantenido los grupos de apoyo los lunes y los viernes. Conservar estos espacios terapéuticos es importante para el progreso de las atenciones. Y esto por dos razones, por el aprendizaje de estrategias y por ser facilitadores de la relación y apoyo social, especialmente importante en estos momentos.

El grupo terapéutico de los jueves facilita el mantenimiento de hábitos saludables en la alimentación, pautas y apoyo emocional en estos momentos difíciles

Para mantener el contacto y fomentar actividades gratificantes, apoyado por el equipo psicológico, AMAI TLP ha configurado dos nuevos espacios lúdicos telemáticos, uno de karaoke y otro de visitas guiadas por los museos.

Conocedores de la importancia de fomentar el tratamiento terapéutico  y de estructurar el tiempo, la Asociación incrementa su esfuerzo por dar la mejor de las atenciones con el apoyo de sus profesionales. Para recuperarse de las situaciones adversas, saliendo fortalecido,  es necesario, tanto a nivel individual, familiar o social  un posicionamiento activo, un apoyo externo y un propósito positivo.

Las crisis pueden ser oportunidades para crecer, juntos podremos generar múltiples alternativas y soluciones válidas este momento.

Superar las crisis y salir fortalecidos es el objetivo principal de las familias y de AMAI TLP. Juntos podemos.

 

Yolanda Terrón
Psicóloga AMAI TLP