¿Es el TLP un alma despiadada, frío y calculador o tiene una generosidad prácticamente sin límite?

Los trastornos de personalidad frecuentemente nos enfrentan a situaciones en las que la vida emocional manifiesta dimensiones y aspectos radicalmente distintos, a veces contradictorios, y genera mucha confusión.

Esta variabilidad de manifestaciones tiene su origen en ser una amalgama de trastornos distintos, de cuadros diferentes muy heterogéneos. En ellos, aparecen distintas manifestaciones emocionales y, por tanto comportamentales, tienen coexistencia.

Históricamente la aparición de este grupo de trastornos puede darnos la pista sobre su gran heterogeneidad.

Tradicionalmente, el psicoanálisis tenía dos categorías muy distintas: la neurosis y la psicosis. El mundo del sufrimiento absurdo, por asuntos no resueltos inconscientes, donde el juicio de realidad está plenamente conservado y el mundo de la irrealidad en el que la persona no sufre exactamente sino que se instala en un mundo alucinado, delirado. 

Pero empezaron a parecer cuadros en los que a veces había un funcionamiento de tipo neurótico y otra vez otras veces un funcionamiento tipo psicótico. A estos estadios fronterizos, Borderline , se les denominó psicopatía en el sentido actual de trastornos de personalidad.

Dentro del conocimiento más o menos divulgado y popular que la sociedad puede tener, la psicopatía, es decir el psicópata, se atribuye a un caso bien específico de problema psiquiátrico. El prototipo propio de las películas sería el descuartizador agresivo que no siente ni pena ni sufrimiento generando sufrimiento a otros o la persona. Claramente los Propios fines y objetivos justifican los medios, por costosos que estos sean para los demás.

Como segundo elemento que explica la confusión que puede haber a nivel de las distintas manifestaciones en los cuadros de personalidad, está el hecho de que la mayoría de diagnósticos no se limitan a una sola tipología de estos trastornos. Sino que suelen ser trastornos de personalidad mixtos, es decir, que participan al menos de dos de los estilos rígidos de personalidad.

En las clasificaciones actuales lo más parecido al cuadro psicopático sería el trastorno antisocial de la personalidad. En este trastorno ciertamente la norma no es interiorizada ni internalizada. Y la norma no es algo que vaya con la persona, salvo quizás, el buscar herramientas y estrategias adecuadas para saltársela. 

Igualmente los sentimientos de culpa relacionados con las consecuencias generadas por la propia conducta, suelen ser muy deficitarios y este es un problema importante para el tratamiento. 

De sobra conocemos los grandes sentimientos de culpa que los afectados por TLP suelen tener, con lo cual, en principio no cuadraría demasiado con esta tipología.

La empatía es una suerte de emoción en espejo por la cual la emoción del otro la descubrimos en nosotros mismos pudiendo evocarla sin que esté actualizada. Pero desde ese conocimiento emocional de nuestra propia historia personal podemos entender al otro. 

El psicópata, sabemos que neurológicamente carece de estas neuronas en espejo. Por eso esta función es muy muy limitada en ellos.

En el trastorno límite de la personalidad hay una gran reactividad y emocionalidad. Pero ha habido escasez de aprendizaje de estrategias de manejo de las emociones.  Aunque sí que tienen la capacidad de descubrir en sí mismos la emoción que tiene el otro. 

Quizá el asunto importante a tratar es que la emoción no se evoca sino que se actualiza, y lleva a la acción a la expresión emocional. Frecuentemente, la actualización consiste en expresar la misma emoción que el otro manifiesta. Es el fenómeno que conocemos como contagio emocional. Jugando con la etimología de las palabras, podríamos valorar este fenómeno como una suerte de simpatía (Sym pathos) es decir tener la misma emoción que el otro. La empatía (Em pathos)  sería ponerse en la emoción del otro pero sin actualizarla sin convertirla en acto ni conducta.

Actualmente en nuestro contexto cultural en Francia, con la conceptualización del narcisista perverso. Y en España con las conceptualización del colega psicólogo Iñaki Piñuel del amor Zero. Vemos que ambas exploran las tipologías más psicopáticas en el sentido de personalidades carentes de emoción en espejo y carentes de sentimiento de culpa. Y en las que los tratamientos se reducen básicamente a que la víctima corra cuanto más lejos del psicópata mejor. De momento no se conoce ninguna forma de tratamiento eficaz en estas personalidades.

El tratamiento en el trastorno límite de la personalidad es claramente diferente, aquí el objetivo es relativizar la emoción, poder contemplarla, poder expresarla convenientemente. Que no invada toda la vida psíquica y comportamental del sujeto, para al final, poder ser eficaces en la conducta. Y lograr poder funcionar en los distintos aspectos de la vida.

Precisamente cuando una persona de este tipo de categorías consigue vehiculizar la emoción, convertirla en algo adaptativo, una señal que nos avisa de cosas y que , por tanto, se tiene en cuenta y de una manera eficaz se buscan soluciones. 

Por lo que su mayor reactivación emocional, es cuando consiguen que ésta no se actualice. Sino que sea un dato que ayude a poder entender al otro. Como digo, éstas personas estilo límite-estilo emocional, pueden ser claramente de las que alcanzan mayores niveles empáticos (No simpáticos) como veíamos más arriba. Ya que son capaces de poder contemplar la emoción del otro, de no contagiarse con ella. Y además, poder desde su gran vida emocional, desplegar ambiciosas estrategias para con el otro para poder contenerla para poder cuidarla y para poder encauzarla. La expresión de la profesora Dolores Mosquera “diamantes en bruto” creo que es bien esclarecedora en este sentido. 

Por eso la labor nuestra, de los profesionales en la asociación, es bien bonita y bien reconfortante muchas veces.

Nuestra labor se dirige a ser un buen artista , que genera en el afectado otro buen artista, para que sus potencialidades las despliegue en la vida transformando cosas, cambiando cosas y generando una alternativa creativa para problemas casi siempre ya muy antiguos. 

 

De esta manera la empatía se presenta como una solución nueva para problemas ya viejos.

Antonio Gil Mingoarranz

Antonio Gil Mingoarranz

Antonio es psicólogo colegiado, tiene un master en Psicoterapia y es psicoterapeuta acreditado por la Asociación de Psicoterapeutas APHICE. Además desarrolla su carrera como profesor del PRACTICUM de Psicología del C.E.S. SAN PABLO CEU y es tutor de prácticas del Master de Psicología Clínica y de la Salud de la UAM. Lleva más de 12 años trabajando en el tratamiento psicológico del área del Trastorno Grave.

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