Antes de nada, hay que comentar que los profesionales de la psicología se han tenido que subir al online para atender a sus pacientes en el estado de alarma sin pensarlo porque tenían que trabajar en sus terapias.

En el caso de AMAITLP, tanto por el equipo humano de Psicólogos especializados en TLP cómo la junta directiva, secretaría y comunicación. Han hecho posible prestar atención profesional a todos nuestros pacientes durante el estado de alarma y con los horarios de sus terapias. Un trabajo a considerar.

Cabe preguntarnos cuáles serán los cambios tras la Covid-19. ¿Cómo ajustar honorarios por los ertes y eres que sufren las personas?, ¿Cómo nos preparamos para ello?. Desde luego en AMAITLP, no hemos parado de interpelarnos para adaptarnos a la situación sobrevenida por la covid-19. Adaptando nuestro trabajo dando lo mejor de cada uno.

Ante la pandemia actual (de la que contamos aún con poca información científica) y el estado de alarma vivido, creo que deberíamos revisar qué pasó con la gripe Española para entender a ciegas la Covid-19. Si no revisamos lo ya vivido y sabido; erraremos, porque ante la Covid-19 somos neófitos.

Lo primero es ponernos en antecedentes:

Como podemos encontrar en Wikipedia: La pandemia de gripe de 1918, también conocida como gripe española, fue una pandemia causada por un brote del virus Influenza A del subtipo H1N1.

A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan principalmente a niños y ancianos, sus víctimas fueron también jóvenes y adultos con buena salud. Y también animales, entre ellos perros y gatos. Se considera la pandemia más devastadora de la historia humana. Solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas.

La enfermedad fue notificada por primera vez el 4 de marzo de 1918, en Fort Riley (Kansas, Estados Unidos). Aunque ya en el otoño de 1917 se había producido una primera oleada en al menos catorce campamentos militares. El primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest; el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses aliadas en la Primera Guerra Mundial.

Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa. Ya que España no estaba involucrada en la guerra mundial y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad.

Aunque el origen del virus se acepta que fue EEUU. Un estudio de 2014 plantea la hipótesis de que el origen de una de las cepas letales del virus pudo estar en Madrid. Aunque no hay pruebas científicas de que esto fuera así. Con el fin de estudiar la pandemia de gripe, los científicos han empleado muestras de tejido de víctimas congeladas para reproducir el virus. Dada la extrema virulencia del brote y la posibilidad de escape accidental (o liberación intencionada) de la cuarentena, hay cierta controversia respecto a las bondades de estas investigaciones. Una de las conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta de citosinas o citoquinas. Esto explciaría su naturaleza extremadamente grave y el perfil poco común de edad de las víctimas.

Dicho esto, en general el ser humano siempre ha tenido dificultades para tolerar los cambios repentinos. Cada persona ha tenido muy marcados sus tiempos e ideas frente a su vida y la sociedad.

La opinión de cada uno tiene un papel importante en su identidad comunitaria. El pensamiento y la ideología podría ser un matiz que te concede abordar una sensación de seguridad de lo que nos resulta conocido. Permite adaptarse como parte de un “nosotros y ellos”. Lo que hace de eje ayudándonos a hacer una determinada interpretación del mundo. Ante una situación tan grave vivida y que seguimos viviendo a raíz de la covid-19, nos podríamos preguntar si es una oportunidad de crecimiento y aprendizaje mundial. Dado que jamás en nuestra existencia habíamos tenido que confinarnos tanto tiempo.

Como he referido en párrafos anteriores, el ser humano ya tiene experiencia en algo parecido a lo que enfrentamos hoy en día. La peste negra, bubónica, cólera o el sida han estado presentes en nuestra historia y pudo haber aprendizajes necesarios para los países y los sujetos que salvaron su vida.

Revisando la peste negra, en un periodo corto de tiempo, murieron la mitad de los europeos. Esto dió lugar a un descenso de la mano de obra para poder surtir las necesidades del mercado si bien muchos campos de cultivo desaparecieron. La mano de obra aumentó su valor y así pudieron desaparecer la exclavitud y servidumbre. Antes de la peste de 1348, muchos seres humanos se vendían junto con los huertos y las tierras. Pero la pandemia propició una migración al mundo rural y por ende una mayor independencia de cada individuo.

Curiosamente, toda cosa mala acaba trayendo cosas buenas e incluso innovación. Por ejemplo, en las fábricas en Estados Unidos la energía eléctrica y los motores eléctricos estaban avanzados y desarrollados ya en 1890, sin embargo, no se pudo poner en marcha hasta 1920 ya que era absolutamente necesario reciclar a los trabajadores y rediseñar las fábricas siendo esto imposible hasta después del estallido de la I Guerra Mundial. Es decir, una tragedia mejoró la productividad y sumó avances al desarrollo industrial.

La II Guerra Mundial también nos pudo traer una reflexión que desembocaría en la Seguridad Social y en los sistemas de pensiones que conocemos hoy.  Los medios de comunicación nos han estado bombardeando sin parar con un monotema; la covid-19. Hemos ido viendo cómo surgían informaciones contradictorias acerca del virus, han surgido muchas personas que parecían saber de pandemias como si fuese fácil manejar una emergencia sanitaria de la envergadura de la Covid-19.

También han surgido movimientos negacionistas sosteniendo que la existencia del coronavirus era una falacia y una confabulación China y conspiración mundial.  Llegados a este punto también tenemos que familiarizarnos con “la distancia social” o “la nueva normalidad” que tenemos que ir incorporando en gran parte de nuestros ámbitos vitales.

La OMS ha ido cambiando sus indicaciones a medida que se conocía algo más sobre la covid-19.

Nosotros ¿en qué vamos a modificar nuestros hábitos, nuestra afectividad, nuestra comunicación, nuestras empresas, nuestro trabajo, nuestro ocio después de la Covid-19?, ¿Cómo nos preparamos para ello?.

En psicología, la “normalidad” siempre ha sido un tema a debate para poder diagnosticar o prevenir lo “anómalo”.  Actualmente, nos enfrentamos a la “nueva normalidad” y comentándolo entre compañeros de profesión es aún muy infrecuente alguien que no esté pensando en ¿cuándo vuelve el pasado?, ¿cuándo puedo volver a mi vida de antes?.

La respuesta en este momento podría acercarse a una distopía. Los protocolos y las normas que estamos viendo no son fáciles de cumplir. Sobre todo, teniendo una población que no piensa de manera homogénea al respecto.

Por otro lado, hay personas que están aterrorizadas con contagiarse. Y que siguen las medidas de seguridad de manera muy exhaustiva estando en una alerta constante del sistema nervioso autónomo. Lo que no les permite vivir su día a día con cierta tranquilidad en sus salidas a la calle ni sus entradas en casa.

Cómo señala el dicho popular: “el miedo es libre”. Y aunque tengamos elementos de protección y seguridad a nuestro alrededor, con frecuencia no son suficientes. Es por ello por lo que con cierta premura casi urgencia, tenemos que ir construyendo y elaborando qué es “la nueva normalidad” para cada uno de nosotros. Y asumir y aceptar que de momento ha venido para quedarse tiempo y tiempo. Ante este hecho, debemos aprender a navegar por una realidad de la mano de la incertidumbre.