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Diversas teorías coinciden en que el trastorno límite de la personalidad puede explicarse como el resultado de la interacción entre factores biológicos y el contexto ambiental.

Es decir, que existe una predisposición genética a tener un temperamento reactivo. Que en combinación con experiencias infantiles adversas (estilo de apego, traumas, etc.), derivarán en la adquisición de ciertos rasgos de personalidad. Además, de estilos de afrontamiento, que, sumados a cambios en la estructura y funcionamiento del sistema nervioso, repercutirán en la presencia de los síntomas característicos en el TLP.

La gran pregunta es si todos los síntomas presentes en el trastorno límite podrían explicarse como resultado de una vía común (la predisposición biológica). O acaso, son los factores familiares y ambientales los que moldean la expresión genética y la neurobiología encontrada en pacientes límite. En términos simples: ¿se nace o se hace?.  El objetivo de este artículo no es profundizar en ese tema, ya que nos centraremos únicamente en describir la influencia del ambiente en la aparición de dicho trastorno.

Factores ambientales y del entorno:

Cabe hacer la aclaración de que, aunque en cuanto al correlato biológico para el TLP existe mayor claridad respecto a la causalidad con este trastorno. No sucede lo mismo con la influencia del entorno. Ya que no se puede afirmar con rotundidad que existan determinadas circunstancias en la crianza o en el entorno que vayan a “producir” un TLP. Más bien se puede hablar de que hay características ambientales y experiencias vitales que pueden influir en que una persona desarrolle un trastorno de personalidad (trastornos de personalidad en general, no únicamente TLP).

Existen ciertos aspectos socioculturales que pueden propiciar trastornos de personalidad, como por ejemplo:

  • Debilitamiento de la autoridad
  • Culto al individualismo
  • Ausencia de grupos estables
  • Inducción social y gregarismo
  • Aislamiento

Consideraciones

Hay que considerar que vivimos en una época y en una estructura social que puede generar situaciones muy complejas, estresantes y hasta tóxicas para personas que tienen una vulnerabilidad biológica que los hace tener inestabilidad y desregulación emocional, como sucede en el TLP. La sociedad moderna donde todo avanza tan rápidamente exige inmediatez y una constante adaptación a los cambios, lo que dificulta que se creen vínculos estables y seguros, así como el sentido de pertenencia.  También hay dificultades para que haya normas claras y consistentes, lo que deja al individuo a merced de sus propias decisiones e impulsos, ya que hay poca aceptación y tolerancia a la dependencia.

Tal como menciona Marsha M. Linehan (2015): la invalidación emocional, sobre todo de las emociones negativas es un estilo de interacción característico de las sociedades que premian el individualismo. Incluido el autocontrol individual y el logro individual; lo que es bastante común en la cultura occidental. Y aunque un poco de invalidación emocional es necesaria para aprender autocontrol y autorregulación (la frustración óptima); en individuos que tienen un temperamento altamente emocional. Además de que no están preparados fisiológicamente para regular sus emociones, el efecto puede ser devastador.

 

Factores

La mayoría de los estudios sobre la relación del ambiente y el TLP destacan el factor preponderante que ocupa el entorno familiar. Ya que es precisamente en el ambiente cercano donde pueden producirse determinadas circunstancias que pueden llevar a experiencias infantiles poco favorables para un desarrollo sano de la personalidad, como las siguientes:

  • Desapego
  • Abandono
  • Trauma y abuso infantil
  • Violencia familiar
  • Exceso de crítica
  • Desequilibrios educacionales

 

Teorías

En una revisión sobre experiencias infantiles de pacientes diagnosticados con TLP, Sabo (1997) concluyó que la negligencia biparental y la ausencia de figuras de apego sustitutivas fueron factores traumatizantes muy poderosos en el desarrollo del TLP. Y se encontró que en niños que tenían al menos un progenitor que les apoyaba o les cuidaba, el efecto traumatizante se reducía. (Guttman y Laporte 2002). Zweig-Frank y Paris (1991) encontraron que los individuos con TLP recordaban a sus padres (tanto la madre como el padre) como menos cuidadores y sobreprotectores que los individuos sin TLP.

Volviendo a Marsha Linehan, en su teoría biopsicosocial del TLP, menciona la importancia de los ambientes invalidantes en la producción de la desregulación emocional.  Con ambientes invalidantes se refiere a la tendencia a responder errática e inapropiadamente a las experiencias privadas (como son las creencias, pensamientos, sensaciones y emociones del niño). Una familia óptima valida la experiencia privada del niño, por ejemplo, si éste manifiesta frustración o ira, los padres le atienden, se lo toman en serio e intentan averiguar qué le pasa. En cambio, una familia invalidante responde ante manifestaciones sobre sentimientos, emociones y pensamientos propios con respuestas disonantes (no respondiendo o haciéndolo de forma extrema). Cuando existen discrepancias persistentes entre la experiencia privada de un niño y lo que el entorno describe como su experiencia, proporciona el ambiente de aprendizaje necesario para muchos de los problemas asociados al TLP.

Es en la interacción con los primeros cuidadores como el niño aprende a regular sus emociones. La modulación emocional se asimila e interioriza por influencia del entorno. Los estudios en neurobiología del desarrollo que analizan las capacidades de autorregulación muestran que la resiliencia del individuo depende en un alto grado de las experiencias tempranas. Ya que la regulación emocional se adquiere desde las primeras etapas de la infancia a través de la reacción diádica cuidador-niño. 

 

La relación de apego sana consiste en que el adulto sea capaz de:

  1. Sintonizar con el niño y sea coherente y consistente en sus reacciones emocionales;
  2. Disminuir la activación emocional cuando el niño está hiperactivado
  3. Permitir cierto grado de malestar y ayudar posterior-mente al niño a recuperar el equilibrio (ya que por medio de él los niños aprenden a tolerar la frustración y a demorar la gratificación). 

 

Los padres que no sintonizan con las emociones del hijo, que interpretan las señales del niño en función de “su propio estado” generarán confusión en éste, quien tendrá dificultades para diferenciar entre lo que siente y lo que le “dicen que siente”. Un apego seguro crea en el niño un sentimiento de seguridad interna, y de conexión con los otros. Cuando los pacientes con TLP buscan las primeras experiencias vitales asociadas a los sentimientos de vacío, describen momentos de soledad. Así como, sentirse invisibles, de que nadie se daba cuenta realmente de cómo se sentían. La represión de las emociones (progenitores que ignoran o se enojan con el niño cuando se enfada o está triste) puede derivar en adultos con explosiones de ira. Además de problemas en el manejo de emociones y en otros sectores de la psicopatología del trastorno límite, como en cuanto a su identidad y sus relaciones interpersonales. 

 

Reflexiones

También hay que tomar en consideración el efecto del modelamiento y el aprendizaje vicario que dan a sus hijos los padres desbordados y desregulados, agresivos, impulsivos, que solo responden a las emociones que pueden manejar. Muchos pacientes límite reproducen en sus reacciones los modelos de expresión de la rabia y emociones disfuncionales con los que crecieron. Cuando los niños conviven con progenitores violentos pueden aprender que la agresividad es una forma de resolver problemas. O también puede darse el caso de que solo sea atendido cuando manifiesta emociones intensas (llanto, pataletas, enfado intenso). Lo que repercute en un déficit en el aprendizaje emocional completo y una intolerancia hacia otro tipo de emociones.

Además del desapego, hay otras experiencias infantiles que pueden influir en la sensación de vacío. Y también, afectar negativamente la capacidad de regular los estados de ánimo y el control de la ira. Como son: el abandono, el exceso de crítica los eventos traumáticos y el abuso infantil. 

 

Conclusión

Sin embargo, nuevamente reiteramos que el TLP es un trastorno complejo y multicausal. Los factores ambientales no pueden explicar por sí solos la etiología del TLP. Pero un entorno psicosocial razonablemente adecuado puede tener un efecto protector para prevenir los trastornos de personalidad. En palabras de Mosquera y González (2009): las experiencias positivas con figuras de apego seguro pueden ser uno de los factores sociales protectores más efectivos.

Rosalba Miramontes

Rosalba Miramontes es Licenciada en Psicología, especializada en Orientación Familiar y Maestra en Ciencias especializada en Fisiología por la Universidad de Colima (México). Es psicóloga habilitada para ejercer en el área Sanitaria, experta en Trastornos de Personalidad por la Asociación Española para el Fomento y Desarrollo de la Psicoterapia y con un máster en TLP por la Universidad Complutense de Madrid; además de poseer habilitación por parte de la Comunidad de Madrid para ejercer como Directora de Centros de Servicios Sociales. Tiene más de 20 años de ejercicio profesional tanto en el área clínica como en docencia y coordinación de proyectos comunitarios.