“Como niños traumatizados, siempre soñábamos con que alguien vendría a salvarnos. Nunca soñábamos que, de hecho, seriamos nosotros mismos, ya de adultos”
“Tal vez la tarea más difícil de ser padres, no es la de controlar el comportamiento de los hijos, sino controlar el propio”
Todos los padres hacen cuanto pueden para proteger a sus hijos. De la misma manera, todos los niños necesitan un hogar que sea seguro y que les brinde buen trato. Los niños que han sufrido un trauma grave en las primeras etapas de su desarrollo pueden necesitarlo aún más. Las experiencias dolorosas a una temprana edad pueden hacer que los niños vean las cosas y reaccionen de diferentes maneras.
Por buscar alguna definición clarificadora, un trauma es un suceso profundamente nocivo, angustioso o aterrador para quien lo vive. Dichos traumas pueden tener formas diversas: maltrato físico, abusos sexuales, maltrato emocional, abandono emocional, negligencia, accidentes o los desastres naturales, por ejemplo.
Los efectos emocionales de dichos traumas pueden durar mucho tiempo. Como veremos y desarrollaremos a lo largo de este artículo, en su mayoría duran hasta la etapa adulta, y la condiciona. En algunas ocasiones, puede ser difícil seguir adelante, y cometer actos autolíticos, y algunos niños, los traumas los pueden llevar a tener trastornos por estrés postraumático.
El trauma tiene efectos más graves cuando:
• Sucede una y otra vez
• Se suman diferentes situaciones traumáticas
• El niño tiene menos apoyo social (buenas relaciones personales)
• El niño no sabe cómo relacionarse y resolver conflictos con otros (destreza del lenguaje, inteligencia, buena salud y autoestima)
Pero los niños se pueden recuperar de los traumas. Hay terapias que pueden ayudar. Los niños también pueden necesitar un mayor consuelo y apoyo emocional por parte de sus padres, y este aspecto es el objeto principal de este artículo.
¿Cómo afectan los traumas a los niños?
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Principalmente, los traumas afectan al sentido de la seguridad y de la confianza de los niños, base de la relación que establecerán con el entorno, y de la confianza en la exploración del medio. Así, los niños traumados se siguen sintiendo tensos, asustados, indefensos, solos, tristes, enfadados o culpables. Puede pensar que son ellos quienes tienen la culpa de lo que les ha ocurrido. A algunos niños, les genera una pérdida en su autoestima.
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Los traumas también pueden afectar al estado de ánimo, el comportamiento y el sueño de un niño. Algunos niños se deprimen. Pueden ponerse iracundos o parecer estar muy tristes. Hay otros que se meten en problemas más a menudo o a quienes les va peor en los estudios. Algunos desarrollan nuevos miedos o tienen problemas para dormir. Y hay otros que tienen recuerdos aterradores, llamados flashbacks. A menudo, los niños evitan las cosas que les recuerdan al trauma.
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Algunos niños comparten cómo se sienten. Pero hay otros que se lo guardan todo para sí mismos. Pueden tratar de ocultar lo que sienten o tratar de quitárselo de la cabeza. Y hay otros a quienes les faltan las palabras para expresar sus sentimientos. Por cualquiera de estos motivos, un padre puede no saber qué es lo que está sintiendo su hijo.
Cómo reacciona el cerebro ante el trauma
Cuando sucede algo que nos atemoriza, el cerebro se asegura de que ese suceso no se olvide. Los eventos traumáticos se recuerdan de una manera especial. A menudo se experimentan como un patrón de sensaciones con sonidos, olores y sentimientos mezclados. Cualquiera de estas cosas puede hacer que un niño sienta como el evento estuviera sucediendo de nuevo. Estas cosas o sensaciones se llaman “desencadenantes”. Estos pueden ser olores o sonidos. Pueden ser lugares, posturas o tonos de voz. Incluso las emociones pueden ser desencadenantes. Los desencadenantes pueden ser difíciles de identificar, incluso para un niño. Los niños tratarán de evitarlos.
Recordar un evento traumático puede hacer que reaparezca parte de la reacción de “lucha o huida”. Esto podría parecer un “berrinche”. También puede parecer que el niño está reaccionando de manera exagerada. A veces la ansiedad puede hacer que un niño “quede paralizado emocionalmente”. Esto puede verse como un desafío. Un niño que ve el mundo como un lugar lleno de peligro puede hacer esto. Muchos niños que han sufrido abuso o descuido van por la vida siempre nerviosos y tienen dificultades para controlar sus emociones porque su cuerpo está predispuesto a paralizarse, o a huir o escapar de lo que los atemoriza, o a pelear para defenderse.
Consejos de actuación
De manera genérica, después de sufrir un trauma, un hijo necesita nuestro consuelo y apoyo más que nunca. Se recomienda pasar tiempo con él (realizar tareas relajantes, agradables o divertidas, jugar juntos, hacer manualidades, etc). Educarles con paciencia y ternura (con palabras agradables. Felicítelo cuando su hijo esté haciendo bien alguna cosa o se esté esforzando mucho. Haga que su hijo sepa que está orgulloso de él. Tenga paciencia cuando su hijo cometa errores. Muéstrele cómo volverlo a intentar). Mostrarles que los queremos (besos, abrazos, sonrisas, caricias y palabras amables para mostrarle nuestro amor.
Algunas estrategias que pueden ayudar:
- Aprenda a identificar y a evitar (o atenuar) los “desencadenantes”. Averigüe qué distrae a su hijo, o qué lo hace ponerse ansioso. Esfuércese por reducir estas cosas.
- Establezca una rutina para su hijo (para el día, las comidas y la hora de ir a dormir) de modo que él o ella sepa qué esperar.
- Hágale sentir a su hijo que tiene control. Dele opciones simples. Respete las decisiones de su hijo.
- No tome el comportamiento de su hijo como una afrenta personal.
- Trate de mantener la calma. Encuentre maneras de responder a los arrebatos que no hagan que las cosas empeoren. Baje la voz. No grite ni muestre agresión.
- Permanezca disponible y receptivo cuando su hijo lo mantiene distanciado.
- Absténgase del castigo físico para disciplinarlo. Para un niño que sufrió abuso, esto puede causarle pánico y que se comporte fuera de control.
- Permítale a su hijo expresar lo que siente. Enseñe a su niño palabras para describir sus sentimientos. Muéstrele maneras aceptables para que le haga frente a sus sentimientos. Después, elógielo por expresar sus sentimientos o por tranquilizarse.
- Sea constante, predecible, afectuoso y paciente. Enseñe a su niño que puede confiar en los demás para que permanezcan con él o ella y lo ayuden. Puede haber tomado muchos años de trauma o abuso para lograr el estado mental en que se encuentra. Aprender a confiar de nuevo probablemente no ocurrirá de la noche a la mañana, y podría tomar mucho tiempo.
Consejos por edades
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Niños de 0 a 2 años:
Los bebés perciben lo que estamos sintiendo y reaccionan en consecuencia. Si mostramos calma, el bebé sentirá seguridad. Si sientes ansiedad o agobio, podría reaccionar con inquietud, tener dificultad para calmarse, comer o dormir de manera irregular o retraerse.
Qué puedes hacer:
- Intenta actuar de manera calmada lo más que te sea posible. Incluso si sientes estrés o ansiedad, háblale a tu bebé con una voz suave.
- Responde de manera consistente a las necesidades de tu bebé. La tarea del desarrollo a esta edad es confiar en los cuidadores, de tal manera que los niños puedan desarrollar un apego fuerte y saludable.
- Mira al bebé a los ojos. Sonríele. Tócalo. Estudios han demostrado que el contacto visual, el tacto y simplemente estar en la presencia de una madre, ayuda a mantener estables las emociones de un bebé.
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Niños de 2 a 5 años:
A pesar de que los niños a esta edad tienen grandes avances en el desarrollo, todavía dependen de sus padres para que los cuiden. Igual que como ocurre con los bebés, los niños a esta edad generalmente responden a las situaciones según la reacción de sus padres. Si mostramos calma y confianza, tus hijos sentirán mayor seguridad. Si muestras ansiedad o agobio, tus hijos podrían sentir inseguridad.
Reacciones típicas en niños de 2 a 5 años:
- Hablar repetidamente acerca del evento traumático o pretender “jugar” al evento.
- Rabietas o estallidos de irritabilidad.
- Llorar o estar al borde de las lágrimas.
- Aumento en los temores, generalmente a la oscuridad, los monstruos o a estar a solas.
- Aumento en la sensibilidad a sonidos, como el de los truenos, el viento y otros ruidos fuertes.
- Alteraciones en la alimentación, el sueño y las visitas al baño.
- Creer que lo sucedido se puede revertir.
- Apego excesivo a sus cuidadores y dificultad para separarse.
- Retroceder a comportamientos tempranos, como hablar como un bebé, orinarse en la cama y chuparse el dedo.
Qué puedes hacer:
- Haz que tus hijos se sientan a salvo. Abrázalos, acurrúcalos tanto como puedas. Diles que tú los cuidarás si se sienten tristes o tienen miedo. “Mami está aquí”.
- Fíjate en lo que dices.
- Mantén las rutinas tanto como sea posible.
- Bríndales apoyo extra a la hora de dormir. Los niños que han experimentado un trauma podrían sentir ansiedad durante la noche. Cuando se vayan a la cama, dedica más tiempo de lo habitual a conversar con tus hijos o contarles historias. Está bien permitir que los niños pequeños duerman contigo por un tiempo, pero en el entendido de que en el futuro regresarán al arreglo habitual para la hora de dormir.
- No expongas a los niños a las noticias. Los niños pequeños tienden a confundir los hechos con los temores.
- Anima a los niños a compartir sus sentimientos. Empieza por hacerles una pregunta simple del tipo: “¿Cómo te sientes hoy?”. Luego continúa cualquier conversación sobre el evento reciente con una historia favorita o una actividad familiar para ayudarlos a sentir mayor seguridad y calma.
- Permite que tus hijos te cuenten la historia de lo sucedido. Esto los ayudará a asimilar el evento y lidiar con sus sentimientos. El juego a menudo se puede usar para ayudarlos a enmarcar la historia y contarte lo sucedido en sus propias palabras.
- Hacer dibujos. Los niños pequeños suelen expresar bien sus emociones con dibujos. Esta es otra oportunidad para darles explicaciones y reconfortarlos. Para iniciar una conversación, puedes comentar acerca de lo que hayan dibujado.
- Si se portan mal puede ser una señal de que necesitan más atención. Ayuda a tus hijos a nombrar cómo se sienten: ¿Sienten miedo? ¿Tristeza? Hazles saber que está bien que se sientan de esa manera, luego muéstrales la manera correcta de comportarse.
- Involucra a los niños en actividades.
- Habla acerca de cosas que están yendo bien.
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Niños de 6 a 11 años:
A esta edad, los niños pueden hablar más acerca de sus pensamientos y sentimientos y manejar mejor las dificultades, pero todavía se acercan a sus padres en búsqueda de consuelo y orientación. Al escucharlos, les demuestras tu compromiso.
Reacciones típicas en niños de 6 a 11 años:
- Ansiedad.
- Mayor agresividad, ira e irritabilidad (como bullying y peleas con sus pares).
- Alteración del sueño y el apetito.
- Culparse por el evento.
- Mal humor o llanto.
- Preocupaciones sobre continuar recibiendo cuidado y protección.
- Miedo a un posible daño o a la muerte de personas queridas.
- Negar que el evento haya ocurrido.
- Quejas por molestias físicas, como dolores de estómago o de cabeza o letargo, que pueden ser a causa del estrés.
- Hacer preguntas de forma repetida.
- Negarse a discutir el evento (más típico en niños de 9 a 11 años).
- Aislamiento de interacciones sociales.
- Dificultades académicas: problemas con la memoria y la concentración en la escuela, o negarse a asistir.
Qué puedes hacer:
- Asegúrales a tus hijos que están a salvo.
- Mantén las cosas tan “normales” como puedas.
- Limita la exposición a la televisión, los periódicos y la radio. Mientras más se expongan los niños en edad escolar a las malas noticias, sentirán más preocupación.
- Dedica tiempo a hablar con tus hijos. Déjales saber que está bien que hagan preguntas y expresen sus preocupaciones o su tristeza.
- Responde a sus preguntas de manera breve pero con honestidad. Cuando un niño plantea un tema, pregúntale en primer lugar qué piensa, para que puedas entender exactamente cuál es su preocupación.
- Promueve que los niños que no hablan saquen su voz. Puedes abrir la conversación al compartir tus propios sentimientos.
- Mantén ocupados a los niños.
- Calma las preocupaciones acerca de la seguridad de sus amistades. Asegúrales a tus hijos que los padres de sus amigos los están cuidando tanto como tú cuidas de ellos.
- Anima a los niños a ayudar.
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Niños de 12 a 18 años:
La adolescencia es de por sí una época difícil para los niños, en la que atraviesan por muchos cambios en sus cuerpos. Quieren mayor independencia de sus padres y suelen sentir que nada les puede hacer daño. Los eventos traumáticos pueden hacerlos sentir fuera de control, incluso si parecen ser fuertes. También se sienten mal por las personas que han sido afectadas por el desastre y tienen un firme deseo de saber por qué ocurrió el evento.
Reacciones típicas de niños entre 12 y 18 años:
- Evitar los sentimientos.
- Pensar constantemente en el desastre.
- Alejarse de amistades y familiares.
- Enojo o resentimiento.
- Depresión, y tal vez pensamientos suicidas.
- Pánico y ansiedad, incluyendo preocupación por el futuro.
- Cambios de humor e irritabilidad.
- Cambios en el apetito y/o hábitos de sueño.
- Dificultades académicas, como problemas con la memoria y la concentración, y/o rechazo a la escuela.
- Involucrarse en comportamientos riesgosos o ilegales, como tomar alcohol.
Qué puedes hacer:
- Hacer que el adolescente se sienta a salvo otra vez. A los adolescentes no les gusta mostrarse vulnerables. Podrían actuar como si estuvieran bien aunque no lo estén. A pesar de que es posible que se resistan a los abrazos, el contacto contigo los puede ayudar a sentir mayor seguridad.
- Ayuda a los adolescentes a sentirse útiles: Asígnales tareas pequeñas y responsabilidades en el hogar, luego felicítalos por lo que han hecho y cómo se han manejado, pero no los sobrecargues con demasiadas responsabilidades.
- Abre la puerta para la conversación. Es muy típico que los adolescentes digan que no quieren hablar. Trata de iniciar una conversación.
- Considera los grupos de jóvenes de su edad. Algunos adolescentes podrían sentir mayor comodidad al hablar en grupo con otros jóvenes, así que considera organizar uno.
- Limita la exposición a la televisión, los periódicos y la radio. A pesar de que los adolescentes pueden manejar las noticias de mejor manera que los niños más pequeños, aquellos jóvenes que no se pueden despegar de la televisión o la radio podrían estar lidiando con la ansiedad de maneras poco saludables. Cualquiera que sea el caso, habla con tu adolescente acerca de las cosas que ha visto o escuchado.
- Ayuda a que actúe: Los niños de esta edad querrán ayudar en la comunidad.
- Presta atención a un posible consumo de sustancias.


