El Trastorno Límite de Personalidad puede comenzar a manifestarse en la infancia, siendo más frecuente su aparición en la adolescencia; sin embargo, los problemas graves y crónicos aparecen en el principio de la edad adulta. 

La infancia y la adolescencia son periodos evolutivos cruciales en el desarrollo. Es de una gran importancia la detección temprana de conductas anómalas que puedan alterar la trayectoria del desarrollo normal hacia una patología grave, ya que los patrones de conducta son difíciles de modificar una vez instaurados, por lo que se hace imprescindible la coordinación entre profesionales de la salud mental, servicios sociales y educación.

¿Qué podemos observar? Comportamientos que pueden formar parte de las dificultades emocionales presentes, en el niño o la niña, agresividad, fracaso escolar, absentismo, rabietas, dificultades para enfrentarse a situaciones sociales, cambios repentinos de conducta, nerviosismo, apatía, baja tolerancia a la frustración, etc.

Pero si nos planteamos el origen del trastorno, debemos remontarnos a la niñez. Hay varias teorías que explican el TLP, pero vamos a centrarnos en un aspecto muy estudiado, y muy relacionado con la infancia y el desarrollo en los primeros años de vida: el apego. Bowly (1988) define la conducta de apego como un instinto, mostrado por los humanos y otras especies superiores, a buscar seguridad en la cercanía a un individuo específico percibido como protector, en situaciones donde se dispara el miedo u otros sentimientos asociados con la percepción de vulnerabilidad.  Hay distintos tipos de apego:

El apego seguro Los niños clasificados como con Apego Seguro en la “situación extraña” de Ainsworth lloran y protestan cuando el cuidador se ausenta, y se consuelan rápidamente cuando vuelve. Exploran activamente nuevos juguetes cuando sus cuidadores están presentes y son capaces de interaccionar con extraños (Ainsworth et al, 1978; Main y Solomon, 1986) 

El apego inseguro – evitativo – distanciante. Una minoría de niños muestra muy poco malestar durante la fase de separación de sus cuidadores en la “situación extraña” (Ainsworth et al, 1978; Main y Solomon, 1986). Cuando el cuidador vuelve, estos niños evitan activamente el contacto con él o pueden saludarlo fugazmente. 

El apego inseguro – ambivalente – preocupado – resistente. Una minoría de niños presenta altos niveles de estrés durante la separación. Cuando el progenitor vuelve muestran una mezcla de búsqueda de contacto y de resistencia al mismo, mostrándose irritados. La disponibilidad de los cuidadores es impredecible, y son excesivamente intrusivos en la exploración de sus niños.

Se ha atribuido el desarrollo del Trastorno Límite de la personalidad a la confluencia de varios factores de riesgo: factores biológicos, hereditarios, o a disfunciones neuropsicológicas específicas, así como a factores psicológicos como experiencias traumáticas, estilos anormales de cuidado o comunicación en la familia, y también a factores sociales, como la disgregación de los valores tradicionales. Pero las causas y factores son variables, y frecuentemente existe comorbilidad con otros trastornos, por lo que es difícil pensar en un único factor de base para el TLP. Se han propuesto diferentes modelos teóricos desde el ámbito psicoanalítico, y desde el cognitivo-conductual, pero podemos decir que hay un modelo unitario respecto al núcleo del TLP, consiste en la “desorganización del apego”.

La seguridad del apego en el primer año de vida se correlaciona con una mayor capacidad de superar, entre los 3 y los 5 años, las tareas de la falsa creencia que demuestran que los niños han construido una “teoría de la mente”. (Mains, 1997). Adolescentes con historias de desorganización del apego muestran una menor capacidad en su pensamiento lógico formal, respecto a personas de su misma edad con igual inteligencia, pero con historias de apego seguro o inseguro- resistente o inseguro- evitativo. 

Distintas investigaciones relacionan la respuesta al trauma con el apego aunque debemos tener presente, que las familias donde se da más fácilmente la desorganización del apego son también familias donde el riesgo de abuso o maltrato es más alto así podremos entender por qué dos factores de riesgo para el desarrollo del trastorno límite de la personalidad, tanto desorganización en el apego como la exposición a traumas psicológicos durante el desarrollo, están frecuentemente interconectadas en la aparición de la disociación, una cuestión que caracteriza al trastorno límite.

El modelo de la “desorganización del apego” explica mejor la dinámica interpersonal de las experiencias y las conductas típicas de los pacientes límite. No podemos afirmar que la desorganización del apego sea el único factor de riesgo, de hecho, es probable que ninguno de los factores mencionados produzca por sí solo el trastorno. Experiencias traumáticas posteriores a una desorganización del apego precoz, contribuirán a dirigir el desarrollo de la personalidad hacía una condición límite, así como rasgos de personalidad determinados por variables genéticas o constitucionales, importantes factores de riesgo añadidos o anomalías neuropsicológicas. Otra posibilidad son estilos anormales de comunicación familiar no directamente implicados en las interacciones del apego. Todos ellos son aspectos que se valoran y trabajan en terapia, tanto desde el punto de vista individual como de los distintos grupos y espacios de trabajo que nuestra asociación propone.

 

Sara Lucena

Sara Lucena

Sara Lucena, Psicóloga en AMAI TLP, es licenciada en Psicología, en la especialidad de Clínica. Con más de 15 años de experiencia en psicoterapia, es Psicoanalista y Psicóloga General Sanitaria.