En una ocasión Monseñor Paco Cerro, obispo de Coria Cáceres, gran persona, que cuento con el honor de tener entre mis amigos me contaba:

“Yo antes de ser obispo, como capellán del hospital clínico de Valladolid un padre destrozado por la muerte de su hijo de pocos años, vino, me agarró de la chaqueta y me increpó :

– ¿Dónde está tu Dios? ¿Dónde?” Y Paco me continuaba contando:

Antonio, yo ahora ante esas preguntas opto por guardar silencio. Desde el respeto y la cercanía pero no contesto nada.

Pero en aquella ocasión, a que el padre roto por el dolor, le dije:

– Mire: a Dios no le entendemos nadie, pero sin Dios… ya si que no entendemos nada”

No pretende ser esto una catequesis ni un adoctrinamiento. Menos aún un “vender religiones”. No, esta pretende ser una reflexión sobre la necesidad de tener valores, compromisos en la vida, esa dimensión más espiritual –no necesariamente religiosa– para superar el sufrimiento. Ese enigma que todos los seres humanos compartimos. Un sufrimiento que en el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) está redoblado, triplicado, hiperbolizado.

Rescato aquí un concepto resiliencia:

“[…] y se la entiende como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas” (Edith Grotberg, 1998)

Tener un sentido, algo que nos dé motivos para luchar, para TO-LERAR, aunque yo diría TO-REAR, el dolor y al final…salir por la puerta grande, a hombros.

No hace falta creer en un dios, no hace falta una liturgia, tampoco hace falta creer en ese “Alguien”. Hace falta preguntarse.

La trampa es qué pregunta hacerse. La trampa es preguntarse por las causas: ¿por qué me ha pasado esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Transforma el ¿POR QUÉ? en un ¿PARA QUÉ?, ¿qué aprendo con esto?, ¿qué puedo dejar de bueno gracias a este dolor, gracias a esto que no comprendo y me cuesta aceptar?

Bien sabemos que el dolor y sufrimiento en las personas que atendemos es muy grande. Podemos imaginarlo, pero no sentirlo. Pero por eso, precisamente por eso, queridos afectados: sois más grandes que nosotros, más potentes que nosotros. Más capaces de dejar algo grande en este mundo de gente “aparentemente grande que hacen cosas muy pequeñas”.

Viktor Frankl inició el trabajo del “sentido” en la psicoterapia. Es el gran maestro del hombre que busca motivos y los encuentra. El hombre de los para qué y no los por qué.

Aquí os dejo el reto: ¿qué vais a dejar de bueno grande y como artesano que eres, algo que es sólo obra tuya?

Y no estás solo…nos tienes a todo el equipo de AMAI-TLP para acompañarte. El camino no lo podemos hacer por ti, el camino es tuyo pero somos tu Tom Tom (GPS actualizado) para que llegues a tu meta.

¡¡Adelante!!

Antonio Gil Mingoarranz

Antonio Gil Mingoarranz

Antonio es psicólogo colegiado, tiene un master en Psicoterapia y es psicoterapeuta acreditado por la Asociación de Psicoterapeutas APHICE. Además desarrolla su carrera como profesor del PRACTICUM de Psicología del C.E.S. SAN PABLO CEU y es tutor de prácticas del Master de Psicología Clínica y de la Salud de la UAM. Lleva más de 12 años trabajando en el tratamiento psicológico del área del Trastorno Grave.

One Comment

  • Connie dice:

    Gracias, de verdad como paciente tlp, estas palabras se emocionan con mucho cariño, desde mi estado insomne, gracias. Es tan duro vivir, respirar, que palpite el corazón , quiero apagarme, desconectarme, olvidarme y ser olvidada para siempre… creo que algún día partiré de esta realidad para emocionar otras realidades mas acordes, más en sintonía conmigo, tal vez allá pueda estar en paz, tal vez allá, pueda encontrarme, tal vez allá, pueda ser quien soy

    Gracias