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El 4% de los adultos de la población general informa haber tenido algún evento autolesivo en su historia personal y más del 1% de tipo severo.

A QUIÉN AFECTA

En pacientes psiquiátricos, un 20% de los afectados son adultos y entre el 40 y el 80 % son adolescentes. La edad de prevalencia de las personas que presentan este comportamiento oscila entre los 16 y los 25 años. Y la prevalencia es significativamente mayor en mujeres, siendo de 3 a 4 veces más alto que en hombres. 

CAUSA

Las lesiones autoinfligidas no pueden ser fácilmente explicadas o atribuidas a una sola causa. En un buen número de casos se han producido malos tratos o abuso sexual infantil, casos de negligencia física o emocional, Y, más concretamente, situaciones de invalidación permanente, que llevan al individuo a perder la seguridad y la confianza en sí mismo. La exposición al trauma se asocia con el desarrollo de características de personalidad con mala adaptación. O a algún diagnóstico clínico como ansiedad generalizada, trastorno depresivo mayor, trastorno de estrés post-traumático, o trastorno límite de la personalidad (TLP).

PORQUÉ SE REALIZAN

Se considera que es un comportamiento difícil y perturbador, que pretende comunicar un dolor personal y autodestructivo; una forma directa de violencia sobre el propio cuerpo, una internalización de la rabia. Es una declaración enfática de que el grado de estrés psicológico experimentado por el individuo ha alterado su capacidad individual para manejar y aliviar su dolor, en definitiva, un sentimiento de impotencia y un esfuerzo para no sentir un dolor que no puede ser tolerado

Las personas que sufren estas conductas experimentan emociones negativas de modo frecuente e intenso en la vida diaria. El incremento de experiencias o emociones negativas posiblemente es la principal razón para autolesionarse, ya que las autolesiones pueden aliviar temporalmente el distrés emocional. Al mismo tiempo se observa un déficit en habilidades emocionales o dificultades con la identificación y la expresión de emociones, que impiden tramitarlas de otra forma. Estas personas son proclives a la autocrítica o a tener experiencias intensas de ira, aversión autodirigida o autoagresión, relacionado todo ello con la baja autoestima. Las personas con alta emocionalidad negativa y alta autocrítica tienen más riesgo de autolesionarse

 

RECOMENDACIÓN

Encontrar una forma de gestionar las intensas emociones negativas, más allá de la autolesión, requiere un esfuerzo personal. Para ello debería iniciarse la búsqueda de un entorno en el que sentirse seguro y liberado del peso asfixiante del tabú y del secretismo, que facilite hablar del dolor, la rabia, la impotencia, la culpa, la vergüenza y en general, de las emociones que están en el fondo de estos comportamientos. Para ello se recomienda buscar ayuda profesional, que acompañe el proceso de crecimiento personal y favorezca la desaparición de estos comportamientos.

 

REFERENCIAS

  • Bernat.  S: ”Autolesión. Que es y como ayudar” edición Kindle. 2016
  • Mosquera. D: “La autolesión. El lenguaje del dolor” ediciones Pleyades. 2008

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