Niños con emociones intensas: Cuando la intensidad emocional no se controla sola

24 Feb, 2026

Este artículo pretende acercarnos al mundo de las emociones en los niños. Si ya de manera genérica acercarnos al mundo de las emociones en adultos es tremendamente complejo, en el mundo tan especial de los niños es aún más. Si muchos adultos presentan dificultades en la regulación emocional, otros presentan hipersensibilidad, muchos muestran un deficit en la gestión de las emociones propias y de las ajenas, los niños, en un mundo que aún no entienden, que muchas veces no saben lo que les pasa, las emociones es un terreno difícil e inhóspito.

“Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas.” – Sigmund Freud.

“No debemos pretender comprender el mundo sólo por el intelecto, pues es sólo parte de la verdad. La psique humana vive en unión indisoluble con el cuerpo, y tampoco puede haber transformación sin tener en cuenta las emociones.” – Carl Gustav Jung.

Cada uno de nosotros percibimos y vivimos las emociones de diferentes maneras

Cada uno de nosotros percibimos y vivimos las emociones de diferentes maneras, debido a la mezcla de diferentes factores (genética, personalidad, circunstancias personales…). No obstante, hay personas que viven las emociones con una mayor sensibilidad e intensidad.

“Mi hijo/a lo vive todo muy intensamente”

Muchos de nosotros habremos escuchado, o nosotros mismos habremos dicho de alguno de nuestros hijos, alguna de estas frases: “mi hijo/a lo vive todo muy intensamente”, o “se emociona con facilidad”, o la que más se escucha: “es que le afectan mucho las cosas”. Pues bien, todas estas frases y otras similares son habituales en consulta cuando hablamos de niños/as muy sensibles, especialmente en edades tempranas, pero también en la adolescencia.

Esta “hipersensibilidad emocional” no es un problema

Esta “hipersensibilidad emocional” no es un problema, sino una característica del temperamento que, bien acompañada, puede convertirse en una gran fortaleza. No hablamos de fragilidad ni de debilidad, sino de un sistema nervioso más reactivo, que necesita más tiempo y apoyo para regularse.

¿Qué significa ser un/a niño muy sensible?

Los niños/as sensibles suelen percibir el mundo con mayor intensidad emocional

Los niños/as sensibles suelen percibir el mundo con mayor intensidad emocional. Esto puede manifestarse de diferentes formas:

  • Emociones muy profundas y exageradas (alegría, tristeza, enfado).
  • Mayor empatía hacia los demás.
  • Reacciones intensas ante cambios, críticas o frustraciones.
  • Alta conciencia del entorno y de lo que sienten otras personas.

Dos diagnósticos, dos circunstancias

En este artículo me quiero acercar a dos diagnósticos o a dos circunstancias que en muchas ocasiones nos encontramos en consulta:

Niños Altamente Sensibles

¿Tu hijo se sobresalta con facilidad ante ruidos o luces?

¿Tu hijo se sobresalta con facilidad ante ruidos o luces? ¿Rechaza con frecuencia ciertas texturas de alimentos o tejidos? ¿Se agobia en lugares de mucha gente o bullicio? ¿Llora con frecuencia y percibe las emociones de los demás más intensas? Podría tratarse de un niño o niña altamente sensible (NAS), una condición que no es ningún trastorno ni deficiencia, sino un rasgo de personalidad que merece ser conocido, comprendido y acompañado.

Conocimiento, comprensión y acompañamiento

En estas tres últimas palabras incidiremos más adelante cuando vayamos a la parte más práctica de este artículo, es decir, cuando veamos qué podemos hacer si nuestro hijo presenta estas características: CONOCIMEINTO, COMPRENSIÓN Y ACOMPAÑAMIENTO.

Rasgo de la Alta Sensibilidad

Los NAS son aquellos que nacen con un sistema nervioso que les hace sentir y pensar de una peculiar forma: se emocionan más que el resto y en la mayoría de los casos lo manifiestan en su comportamiento. Se trata de una característica innata del temperamento al que llamamos Rasgo de la Alta Sensibilidad, estudiado desde los años 90 por la psicóloga e investigadora científica Elaine Aron.

Sobrestimulación

Los niños NAS perciben los estímulos de forma más intensa, y de la misma manera procesan más información en las situaciones nuevas que sus iguales. Generar y percibir tantos estímulos en poco tiempo de reacción, hace que se estresen más (SOBREESTIMULACIÓN).

Características relacionadas con su forma de percibir el mundo

En resumen, el NAS nace con unas características que van a determinar su personalidad y le van a acompañar a lo largo de toda su vida. Características relacionadas con su forma de percibir el mundo que le rodea, y por tanto de su forma de sentir y de actuar: por ejemplo en contextos sociales, es decir, en la forma de relacionarse con otros niños, así se suelen mostrar más tímidos o retraídos, principalmente en situaciones nuevas, en cambio, ante situaciones sociales dónde sienten que hay confianza, pueden llegar a ser grandes líderes. También en clase, manifiestan su rasgo cuando deben prestar atención o expresar su creatividad. En ocasiones parecen dispersos cuando en realidad lo que les ocurre es que “son felices en su juego imaginativo”.

Detalles que nos pueden alertar de ser un NAS pueden ser: molestias ante algunos tejidos, no soportar los ruidos, ciertos olores le resultan insoportables, dificultad para dormirse tras un día de intensa actividad, etc.

Aunque no todo son aspectos negativos: son niños muy despiertos, creativos y emocionalmente contagiosos. Se pueden comportar como auténticos perfeccionistas. En ocasiones, es la alta capacidad a la hora de sentir lo que nos llama la atención.

 

Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo (TDDEA)

El trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo (TDDEA) es una afección en la que los niños o adolescentes están irritables y enojados de forma continua, y tienen arrebatos frecuentes e intensos de mal comportamiento. 

Los niños y adolescentes con trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo suelen presentar problemas considerables en varios contextos, siendo los más relevantes, y suelen ser por el motivo que acuden las familias a consulta, en el hogar y en el colegio. También tienden a requerir servicios de atención de salud mental, que incluyen visitas al médico y, en ocasiones, hospitalización. Además, estos niños tienen un mayor riesgo de tener ansiedad y depresión en el futuro, así como otros trastornos más graves como trastornos de personalidad límite.

Como signos principales los niños y adolescentes con este trastorno tienen:

  • En promedio, tres o más arrebatos intensos de mal genio (verbales o conductuales) por semana;
  • arrebatos y berrinches que han estado repitiéndose durante al menos 12 meses;
  • estado de ánimo crónicamente irritable o enojo la mayor parte del día, casi todos los días;
  • problemas de funcionamiento en más de un lugar (en casa, en la escuela y con sus compañeros), debido a la irritabilidad.

Diagnóstico y evolución

Los niños se diagnostican con trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo entre los 6 y los 10 años. Para recibir este diagnóstico, un niño debe haber tenido síntomas de manera constante durante 12 meses o más.

Con el transcurso del tiempo, y a medida que los niños crecen y se desarrollan, los síntomas pueden cambiar. Por ejemplo, un adolescente o un adulto joven con trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo puede tener menos berrinches, pero comienzan a mostrar síntomas de depresión o de ansiedad. Por estas razones, el tratamiento también puede cambiar con el tiempo.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo con emociones intensas con un nivel de sufrimiento grave y de forma adecuada? 

Validar antes que corregir

  • Antes de explicar nuestra opinión como padres o poner límites, reconocer la emoción que en ese momento está sintiendo el niño, sin castigar, ni infravalorar, ni invalidar: “Entiendo que estés muy enfadado/a”. Esto calma el sistema nervioso.
  • Intenta comprender todas sus respuestas, así como sus rabietas y otros comportamientos. Desde el amor y la empatía conseguirás entenderle y estarás con él para que no se sienta ni aislado ni solo.

Ayudemos a poner nombre a lo que siente 

  • Nombrar la emoción reduce su intensidad: “Parece que te has sentido frustrado/a”. El lenguaje organiza la experiencia emocional.
  • Permítele que exprese sus emociones y sentimientos con total libertad para que nunca se sienta cohibido.

No nos asustemos de la intensidad de la respuesta

  • Si el adulto se desborda, el niño/a también. Tu calma es su referencia.
  • Ten paciencia y haz todo lo posible para que tu hijo se sienta acompañado, comprendido y no juzgado por esas respuestas exageradas que le saturan.

Recursos de regulación

  • Respirar, dibujar, hacer deporte… cada niño/a necesita encontrar su forma de autorregularse.
  • Anímale a que realice una actividad en la que tenga gran habilidad y destreza. Esto provocará que se sienta a gusto y le dotará de una mayor seguridad para enfrentarse a las actividades cotidianas.

Acompañar sin sobreproteger

  • Acompañar no es evitar el malestar, sino enseñar a atravesarlo
  • Intenta que la sensibilidad del niño NAS sea el punto fuerte de su personalidad. Una alta sensibilidad, bien gestionada desde la infancia, dará lugar a un adulto que vivirá una vida plena, al entender más el mundo que le rodea.

Acerca del autor

Alfonso Ruiz

Alfonso Ruiz

Psicólogo en AMAI TLP - Número de colegiado M-15754

Psicólogo experto en intervención social con Infancia y Familia con más de veinte años de experiencia clínica tanto en el ámbito privado como en el público trabajando en varios centros de Atención a la Infancia.

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