El Mindfulness es una herramienta importante dentro de la Terapia Dialéctico Conductual (TDC) utilizada en el tratamiento e intervención del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) y se integra dentro de las intervenciones y terapias de tercera generación (TTG). Esta práctica tiene sus orígenes en oriente y ha sido recuperada por la psicología occidental para abordar vías en las que el individuo puede explorar la dimensión de su propia corporalidad de una forma autónoma y espontánea, enfocándose en su propio cuerpo, su propio ser y desde el aquí y el ahora.

Asimismo, el Mindfulness para el Trastorno Límite de Personalidad se utiliza como un instrumento que ayuda a reducir la propensión al estrés y a las respuestas emocionales negativas, creando grandes beneficios para vivir una vida satisfactoria y que permite afrontar los problemas del día a día de una forma más eficaz y saludable.

Para ir alcanzando esta filosofía de vida, una de las conductas más útiles y eficaces para conseguirlo es enseñar a la persona a enfocarse en su propia respiración. Para esto, es necesario educarles en cómo han de respirar puesto que, generalmente, los seres humanos respiramos de una forma poco saludable, por tanto, se ha de enseñar a respirar de una forma lenta y haciendo un uso adecuado del diafragma con el objetivo de crear un nuevo hábito de inhalación y exhalación que ayude a la persona a conectar consigo mismo y a empezar a vivir en el momento presente.

En lo que respecta a las intervenciones terapéuticas, las habilidades de Mindfulness se utilizan en terapia para el Trastorno Límite para ayudar a la persona que lo padece a empezar a regular sus emociones de manera más efectiva y ayudando también a la persona a aumentar el control de la atención, puesto que uno de los problemas más relevantes desde el ámbito cognitivo en los afectados de Trastorno Límite de Personalidad es la atención dividida y los pensamientos negativos o preocupaciones.

Asimismo, a través de esta técnica se incrementa la conciencia de la experiencia privada con su ser interior, la disminución de las acciones impulsivas y se fomenta la auto-validación. El Mindfulness es entonces realmente un estado de conciencia con la atención abierta y receptiva hacia la experiencia y los acontecimientos que están ocurriendo en el momento presente y un proceso de observación sin emitir juicio alguno de los estímulos internos y externos, aprendiendo a experimentarlos tal como surgen.

El bienestar de esta práctica en personas con Trastorno Límite de Personalidad se empieza a experimentar con un mayor control de la atención, sobre todo cuando la persona empieza a elegir hacer énfasis en el estar presente en el aquí y el ahora, haciendo solo una acción a la vez y siendo consciente del porqué, el para qué y cómo se hace la conducta que en ese preciso momento se ha elegido ejecutar. Tal enfoque en un principio requiere un esfuerzo constante; sin embargo, con la práctica y la perseverancia, las personas van adquiriendo el hábito cada vez con más facilidad hasta llegar a tomarlo como un estilo de vida.

A las personas con Trastorno Límite y en un proceso de terapia que estén en apuros se les puede recomendar que centren su atención en su respiración y que observen y sientan cómo el oxígeno que inhalan entra a su cuerpo por la nariz, exhalándolo por la boca como una forma de ayudarles a que creen conciencia de ese momento y de la acción de respirar. El objetivo es que descubran poco a poco que el único momento que existe es el presente puesto que el pasado ya pasó y jamás volverá, por lo cual no vale la pena estar anclados o atascados en el ayer. Al mismo tiempo, que recuerden que y el futuro no ha llegado aún, ni llegará porque sólo vivimos en el hoy, siendo este tiempo y espacio el único en donde tomamos las decisiones que nos permiten ir sembrando y cosechando la vida que las personas queremos, vivimos y construimos.

El Mindfulness también nos enseña a abordar la experiencia desde un punto de vista de la aceptación sin juzgar, y con la práctica, las personas con Trastorno Límite aprenden a aplicar estas habilidades a pensamientos y sentimientos que han podido aprender en el pasado para invalidar su propia autonomía debido a experiencias traumáticas. Esta nueva forma de abordar la vida puede ayudar a interrumpir ciclos de emociones intensas y los efectos de la autoinvalidación de la persona y así poder avanzar en el reconocimiento del propio poder que tiene para construir una vida enfocada a la elección de conductas de bienestar.

En la Terapia Dialéctico Conductual (TDC), la técnica del Mindfulness se enfoca como la experiencia de la atención plena en el momento presente. Para poder ir alcanzando esta meta, se parte de la base que la TDC asume que todas las personas tenemos un acceso innato a nuestra propia sabiduría, la cual está conectada con los estados mentales de la mente emocional (estados emocionales) y la mente razonable (estado de la lógica y de la razón). Así pues, la mente sabia sería la combinación de las partes más funcionales de ambos estados. La TDC asume que todos podemos llegar al estado de mente sabia en algún momento y que de hecho, es la práctica la vía con la que ésta se puede experimentar con más regularidad así como el poder acceder a ella cuando así se desee.

En conclusión, la técnica del Mindfullness para el Trastorno Límite ayuda a las personas a ir consiguiendo poco a poco un bienestar en sus experiencias, que a través de la práctica se va incorporando en la vida cotidiana del individuo y que le ayuda a vivir desde un enfoque de la atención plena, sin juzgar o categorizar las experiencias como buenas o malas y a reaccionar mecánicamente ante las etiquetas que hayamos podido haber puesto a estas mismas experiencias. Por tanto, es una técnica recomendable y que, si el individuo decide asumir el compromiso consigo mismo practicándola y con su propio proceso personal, le ayudará a regularse en el ámbito emocional, cognitivo y conductual así como en las relaciones interpersonales.

Alejandro Alder

Alejandro Alder

Alejandro Alder es licenciado en Psicología por la UNED. Aparte de su formación como psicólogo es doctor en Derechos Humanos.