Hace unos meses ya se habló en este espacio desde los profesionales de AMAI TLP del narcisismo. la mitomanía es un síntoma muy característico de este cuadro de personalidad pero también aparece asociado a veces a un trastorno límite de la personalidad.

Como siempre, las causas son multifactoriales. Hay una base biológica que hace vulnerable, un entorno que favorece y, como característica fundamental,  la instauración y el mantenimiento de la conducta de mentir. Esto se debe a que gracias a la mentira se consiguen ventajas o se evitan elementos negativos y desagradables. Igualmente siempre hay un componente de baja autoestima. Este nivel autoestima es igual a narcisismo, es decir, un concepto adecuado y realista de uno mismo. Que a su vez favorece el planteamiento y consecución de metas igualmente realistas.

También se le denomina pseudología fantástica ya que la persona se ve envuelta en un proceso de mentiras sobre su identidad. Así como  sobre logros conseguidos y sobre su propia biografía. Y siempre tendente hacia la grandilocuencia con un componente de omnipotencia, prestigio y de gran éxito económico o social. Todas estas salidas las embarcamos dentro de las denominadas defensas maniacas. 

¿Cómo construimos nuestra autoestima? ¿Cómo construimos nuestro narcisismo sano?. Lo podemos formular en una expresión sencilla: “ser grandioso para alguien grandioso”. Nuestros padres cuando somos pequeños son para nosotros “lo más”. Y si nosotros para esas personas somos también “lo más”  se construye un punto fundante de seguridad en uno mismo.

Posteriormente se realiza un ajuste de realidad ya que ni los padres son lo más ni nosotros tampoco somos lo más, tenemos potencias y también limitaciones. Pero ya se ha construido un punto seguro de confianza en uno mismo de autovaloración.

Puede resultar muy interesante contemplar el bucle de mentiras desde un comportamiento adictivo. Las primeras mentiras pueden ser muy espontáneas y muy impulsivas. Pero según se va  instaurando la conducta y, dado que consigue ventajas es decir es premiada o consigue evitar circunstancias desagradables. La conducta de mentir se instaura como si fuera una adicción auténtica.

La persona siente ansiedad ante circunstancias en las que es posible mentir. Y va aumentando la intensidad, la importancia y la trascendencia de las mentiras cada vez. Por decirlo coloquialmente, se mete en más líos después de mentir y comprobar que no tiene consecuencias negativas. Es decir que si ha conseguido mentir la persona, siente una gran liberación.

Al final mantener todo el constructo de mentiras relativo a uno mismo; en el que es necesario recordar cada circunstancia inventada, cada componente falaz, la vida puede llegar a a convertirse en un auténtico infierno.

Dentro de este conjunto de síntomas relacionados con la mentira es importante señalar que a menudo acarrea consecuencias legales punibles. También divorcios, separaciones y rupturas con su entorno social, por lo inaguantable que resultan las mentiras en este entorno.

 En el peor de los casos puede constituir algún delito de estafa, usurpación de la personalidad y otras circunstancias penales que complican todavía más la cuestión.

Como en cualquier adicción lo fundamental es que la persona contemple que hay un problema y que quiera solucionarlo.

Como mensaje que puede marcar un camino, podemos decir que “no hace falta ser sino lo que somos” no hace falta ser otra cosa. Reconocer lo bueno y lo bonito que hay en cada uno de nosotros vacuna contra la posibilidad de generar una alternativa personal falsa.

Antonio Gil Mingoarranz

Antonio Gil Mingoarranz

Antonio es psicólogo colegiado, tiene un master en Psicoterapia y es psicoterapeuta acreditado por la Asociación de Psicoterapeutas APHICE. Además desarrolla su carrera como profesor del PRACTICUM de Psicología del C.E.S. SAN PABLO CEU y es tutor de prácticas del Master de Psicología Clínica y de la Salud de la UAM. Lleva más de 12 años trabajando en el tratamiento psicológico del área del Trastorno Grave.