Muchas veces, nos abruma la preocupación y casi sin darnos cuenta, pasan las horas y no nos sentimos conformes con lo que hemos hecho durante el día y nos evaluamos o juzgamos por ello. Esto tiene un impacto en nuestra Salud y puede verse intensificado en estos momentos de incertidumbre y cambios drásticos como los que nos ocupan en relación a la situación del COVID-19 en España, el consecuente Estado de Alarma y la medida de cuarentena. Fundamentalmente nuestras vidas se han teñido de preocupación por la situación, nuestra Salud y la de nuestros seres queridos. De igual manera, nuestras rutinas mentales y logísticas se han visto trastocadas y nos vemos envueltos en una nueva relación con el espacio (casa) y el tiempo (que se ha visto influido por la cuarentena). 

Aprender a analizar y cuidar eficazmente el uso que hacemos de nuestro espacio/tiempo y nuestra energía a lo largo del día es un pilar fundamental tanto para nuestra Salud mental como la física. En otras palabras, la ocupación: “hacernos cargo”, analizar y organizar nuestras obligaciones y deseos puede suponer el “antídoto” de la pre-ocupación puesto que nos ayuda a entender y regular nuestra energía y repartirla de forma intencionada, ocupándonos de ella en vez de preocupándonos por ella. 

En este sentido, un aspecto esencial a tener en consideración es que no siempre disponemos de la misma energía ni recursos para ocuparnos y hacer frente a las demandas que tiene la propia vida y por ello caemos en la preocupación. Entender esto es de vital importancia para buscar un enfoque y soluciones flexibles que se ajusten en la medida de lo posible a nuestros recursos, circunstancias y necesidades. 

La gestión eficaz de nuestra preocupación puede verse obstaculizada, entre otras cosas, cuando nuestra mente “toma el control” y trata de ocuparse a su modo, preocupándose por aquello sobre lo que no tenemos control o aquello sobre lo que sí, pero que no hemos podido resolver todavía. La mente divaga intentando encontrar certezas y dado que éstas no siempre pueden garantizarse y que ponemos mucha energía en esta búsqueda esto pospone o aleja la atención y la presencia en la vida misma y dificulta el foco y resolución eficaz de las tareas cotidianas. Esta estrategia que tiene la mente para intentar gestionar algunos de nuestros conflictos cotidianos en ocasiones puede no resultar útil, e incluso puede empeorar la situación generando un bucle de ansiedad, especialmente cuando estamos rodeados de mucha incertidumbre y la mente se anticipa o “pre-ocupa” en exceso. 

Un ejemplo que podría ilustrar esta idea: puedo sorprenderme sintiendo preocupación pensando “menudo caos, qué desastre, soy puro desorden, no tengo remedio” e identificarme con ese pensamiento y darle fuerza mediante la culpa o bien, puedo observar que ese diálogo me está hablando de mi necesidad de proporcionarme orden y, por tanto, responsabilizarme de ello. Esta primera lectura mental probablemente me llevará más tiempo y me acabará preocupando porque no encontraré una solución satisfactoria. En cambio, responsabilizarme de esa necesidad y ocuparme de ello supondría finalmente cerrar esa tarea, mental y físicamente, neutralizando la potencial preocupación que podía suscitar. Esta técnica funciona con las situaciones sobre las que puedo ejercer control, eligiendo aquellas que tienen prioridad y son importantes para mí y manteniendo un diálogo con uno mismo basado en el conocimiento de mis habilidades, el respeto de mis limitaciones, en términos de “quiero” y no “tengo que” puesto que nuestro papel en nuestra vida es activo y no pasivo, y nuestra aprobación es la primera y la más importante. 

En este punto cabría hacer una reflexión sobre la importancia de mantener la motivación, que es la auténtica “gasolina” del autocuidado. Para ello es importante no caer en el juicio de la “productividad tóxica”, especialmente en estos momentos en los que tenemos más tiempo, pero también más preocupación. No somos máquinas y por tanto debemos respetar nuestra condición humana, conociendo y reconociendo nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades. En ocasiones “caemos en la trampa mental” de un sistema de recompensas en el cual el descanso se convierte en un premio por haber “hecho las cosas bien” y por tanto debe ser “merecido” (siendo esto un juicio subjetivo, sujeto a múltiples y variables condiciones y por tanto difícil de garantizar). 

En este punto cabe recordar que el descanso es necesario para la supervivencia, en cualquier caso y bajo cualquier circunstancia. Los seres humanos necesitamos buscar un equilibrio, que es variable, entre el cuerpo y la mente (“Mens sana in corpore sano”) y entre la actividad: para sentirnos realizados y satisfechos y el descanso y ocio para sentirnos descansados y relajados. La idea es “arrojar luz sobre lo que nos funciona para hacerlo más y localizar lo que no, para dejar de hacerlo”. Siguiendo este razonamiento, la gestión funcional de nuestra energía persigue la conexión con nuestras motivaciones, el poder de elegir y proporcionarnos aquello qué es óptimo para nosotros y fomentar así el desarrollo de una mayor conciencia y control sobre nuestra vida. En otras palabras, la piedra angular del bienestar residiría en la movilización de nuestros recursos, con flexibilidad y empatía, haciéndonos más conscientes, capaces y autónomos y, por tanto, más “dueños de nuestra vida”. 

No obstante, esta estrategia de gestión de la preocupación y la ocupación es a veces difícil de conseguir y mantener por lo que debemos hacer un esfuerzo consciente para identificar nuestra forma habitual de funcionar y tomar la decisión consciente de tomar las riendas.

De esta perspectiva, acostumbrarnos a seguir una rutina y llevar unos horarios puede resultar de gran utilidad puesto que nos ayuda a ocuparnos en lugar de “pre-ocuparnos”, pudiendo así afrontar eficazmente los desafíos y objetivos del día a día y sentirnos satisfechos por ello.

De igual manera, hacer una lista de tareas y/o llevar una agenda o calendario son dos sencillas y prácticas herramientas, disponibles y accesibles para todo el mundo y que tienen un gran impacto en nuestra capacidad para organizarnos y autogestionarnos. 

Estas estrategias de ocupación no sólo pueden resultar muy útiles para planificar las tareas del día y anotar la progresión de estas sino también para buscar un equilibrio creando un espacio para los momentos de descanso y relajación. 

Otro truco fácil es hacer en el momento todo aquello que nos lleve menos de 2 minutos y anotar que hemos realizado dicha tarea una vez completada (“La regla de los dos minutos”). Por ejemplo: vaciar el lavavajillas. Con este método no sólo me habré ocupado de la tarea y ya no saltará a mi mente preocupándome, sino que me sentiré realizado cuando lo anote y vea reflejado que he completado efectivamente una tarea. 

Estas sencillas técnicas tienen un poderoso impacto en nuestra Salud, no sólo por su utilidad para la organización de nuestras vidas ayudando a aclarar y despejar nuestras inquietudes e ideas, sino que también nos facilitan el análisis de nuestros objetivos y deseos. Al fin y al cabo, al escribir nos ocupamos consciente e intencionadamente de nosotros mismos, conectamos la mente con el cuerpo y nos “liberamos” de la preocupación, eligiendo plasmar en un papel nuestros pensamientos y sentimientos para así poder observarlos desde cierta distancia y aprender con y de ellos.

Alejandra Araluce
Psicóloga AMAI TLP

Alejandra Araluce

Alejandra Araluce

Alejandra Araluce es licenciada en Psicología, experta en en la corriente de la Psicoterapia Sistémica y en el Trastorno mental grave y enfoques ocupacionales. Actualmente dirige el taller de Funcionamiento y autonomía.