Esta mañana, en estado de alarma, he estado pensando sobre la simpleza de las flores y lo mucho que podemos aprender de ellas. Las flores tienen un extraño lenguaje te hablan a través de sus colores, aromas y olores. Te hablan de unión de que todo en el universo responde a una misma razón de ser; es decir, a un solo propósito unificado.

¿Acaso la flor pretende ser otra cosa que una flor? Pues así ocurre con la creación. Las cosas son los que son y no podemos cambiarlas. La misma fuerza que se encarga de mantener las galaxias unidas y hacer que todo funcione nos está cuidando y a la vez que se encarga de cuidar a la flor.

La flor no petende ser otra cosa que una flor: es lo que es. El amor es lo que es amor y no se puede cambiar. Dios nos ama y nos cuida; a pesar de las tragedias personales de cada uno siempre esta ahí, aunque no les escuchemos. Una fuerza superior a todos nosotros se encarga de cuidarnos al igual que cuida la rosa. La rosa dejará algún día de ser rosa e irá a otra parte a un plano menos denso quizás allá un cielo de rosas.

Quizás también para los claveles y las lilas, pero no podemos saberlo y nos queda confiar. A través de nuestra confianza  los problemas del mundo se resuelven tanto los de nuestro mundo interno como los de nuestro mundo externo porque todo es lo mismo: es una misma realidad.

Texto enviado por #PersonasAMAITLP

AMAI TLP

AMAI TLP

AMAI TLP, es la Asociación Madrileña de Ayuda e Investigación al Trastorno Límite de la Personalidad.