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La patología del trastorno límite de la personalidad (TLP) se ve condicionada por diferentes factores, entre ellos el apego. Los problemas de apego temprano son un factor causal de primera orden para desarrollar el TLP. Es decir, tras un apego disfuncional se pueden desarrollar síntomas correspondientes a esta enfermedad mental.

Pero, ¿Qué es el apego?

Se define como la tendencia innata a buscar, desde el nacimiento, la presencia de una figura adulta con el objetivo de encontrar cuidado y protección en momentos de necesidad y peligro. Las funciones del apego giran en torno a la garantía de supervivencia. Así como a la regulación emocional, explorar el entorno, el contacto con los demás, la identificación y manejo del peligro. Ante una situación de amenaza o peligro, se activa la búsqueda de protección de la figura de apego. Cuando la figura de apego no ejerce funciones reparadoras y reguladoras ante experiencias adversas tempranas, las conexiones límbicas se ven afectadas (el encéfalo se ve influenciado por reacciones tóxicas). Lo que desarrolla una reactividad fisiológica permanente. Esto de adultos conlleva que, ante un evento estresante, aparezca la ansiedad y se active el sistema de apego (hiperreactividad).

Como podemos ver, el estilo de apego interfiere en la construcción de las relaciones sociales en la etapa adulta. Por esto es importante identificar los diferentes tipos de apego existentes:

  • Apego seguro: la figura de apego (FA) responde consistentemente a las conductas de apego. De adulto, existe una buena regulación emocional y confianza en los demás, la persona es activa en las interacciones sociales.
  • Apego evitativo – distante: la FA rechaza consistentemente las conductas de apego. De adultos, evitan el contacto social para protegerse del rechazo y de la invasión; la intimidad les incomoda.
  • Apego ansioso – ambivalente: la FA responde inconsistentemente a las conductas de apego. De adultos, se sienten vulnerables, que no pueden contar con el apoyo de los otros.
  • Apego desorganizado: la figura de apego no da respuestas a las conductas de apego. De adultos, buscan acercamiento y, a la vez, huyen para defenderse. Son personas incapaces de percibir el peligro, miedo a la cercanía.

 

Existe relación entre la dependencia y las demandas de atención de los pacientes con TLP y la tendencia de los niños con apego ansioso a controlar constantemente la proximidad del cuidador.  El factor diferencial de los trastornos de apego de las personas con TLP es la ausencia de estabilidad. En el caso de las personas con TLP, el estilo de apego tiene integrados patrones de apego desorganizado.

Son nueve los criterios diagnósticos del TLP y a continuación se explica la relación de cada uno de ellos con el apego y las experiencias tempranas.

  1. Temor al abandono. Este miedo, a veces en base a algo real, desencadena reacciones emocionales muy intensas. Si el cuidador cuando el niño era pequeño proporcionaba conductas ambivalentes de apego, entonces la persona de adulto se preocupa por sus necesidades de afecto y la vinculación con los demás. Estas ganas inmensas de necesidad de apego y evitar el abandono producen inestabilidad e intensidad en las relaciones de las personas con TLP.
  2. Relaciones inestables e intensas. Debido a la manera de comunicar a los demás la sensación de necesidad de una figura de apego en ocasiones conlleva tener relaciones interpersonales variables y conflictivas. Ahondando en la raíz, si el niño de pequeño no ha sido validado, como persona e identidad, genera una creencia disfuncional de no ser válido si no responde a diferentes condiciones. Sumando el hecho de que recibe conductas de apego desorganizadas, no puede aprender a relacionarse y pedir ayuda de forma sana en situaciones de ‘peligro’.
  3. Alteración de la identidad. Cuando se carece de una identidad definida, la persona busca en las personas de su alrededor pistas para descubrir su propia identidad y así liberar la confusión que los invade. A esto se debe que las personas con TLP sufran confusión y variabilidad en torno a sus valores. Repiten las impresiones de sus progenitores porque han aprendido que las suyas propias ‘no son válidas’.
  4. Las conductas impulsivas, a veces con una función reguladora, se pueden realizar como método para frenar el malestar que invade a las personas con TLP por no haber recibido muestras de apego seguro.
  5. Conductas intensas y autolesivas. Para entender esto hay que observar los disparadores y lo que hay detrás de esta conducta. En numerosas ocasiones se realizan para hacer frente y calmar emociones difíciles de tolerar. En un apego seguro es niño es calmado y comprendido cuando lo necesita. Sin embargo, bajo un estilo de apego más inseguro o desorganizado, a veces resulta difícil incluso conocer las necesidades que reclama su cuerpo y esto genera gran malestar en la persona con TLP.
  6. Inestabilidad efectiva y emocional. Puesto que la regulación emocional es un proceso que se aprende progresivamente desde la infancia y a través del apego existente entre cuidador – niño. Cuando la persona no ha podido aprender a regularse emocionalmente y no puede tolerar las emociones adversas entonces sufre de ira, angustia o desesperación y cambios bruscos en su estado de ánimo que a veces desconciertan a los de su alrededor.
  7. Sentimientos crónicos de vacío. Esto podría deberse a una falta de sintonía con el progenitor. Es probable que de pequeños se hayan sentido invisibles, en soledad y que nadie era consciente de como se sentían. Si el cuidador en su momento estuvo desbordado por los propios conflictos de su vida, es posible que no fuera consciente de las necesidades que solicitaba el menor.
  8. Ira inapropiada o intensa. Las explosiones emocionales repentinas, verbales/físicas o combinadas, pueden tener la base en la presencia de las mismas durante el crecimiento del niño. Es decir, puede haberlas aprendido en base a la experiencia vivida en su propio hogar, debido a los roles de los progenitores en situaciones adversas. Cuando se vive en un mundo de extremos, el paciente lo reproduce con su propia conducta.
  9. Ideación paranoide por estrés o síntomas disociativos graves. La suma de la dificultad para regular los estados emocionales y la hipersensibilidad a los estímulos explica la suspicacia a la que deben hacer frente las personas con TLP cuando se deben enfrentar a situaciones emocionales. La capacidad de interpretar los gestos e intenciones de los demás no esta desarrollada en su totalidad y esto conlleva gran nivel de suspicacia en situaciones de mucho estrés. En lo referente a los síntomas disociativos graves, en ocasiones se relacionan con experiencias tempranas asociadas a las conductas de apego ambivalente recibido de pequeños.

 

No debemos olvidar que el estilo de apego no es la causa en sí misma para desarrollar TLP sino un factor sumatorio junto con otros más como experiencias de pérdida o trauma entre muchos otros.

AMAI TLP

AMAI TLP

AMAI TLP, es la Asociación Madrileña de Ayuda e Investigación al Trastorno Límite de la Personalidad.