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La adopción se define como el acto jurídico mediante el cual se crea un vínculo de parentesco entre dos personas, adoptante y adoptado, de tal forma que establece entre ellas una relación de paternidad y/o maternidad con sus mismos efectos legales.

¿Qué relación tienen las adopciones y la Salud Mental?

Por tanto, no es de extrañar que desde la clínica nos planteemos su relación con las teorías del apego. Y por consiguiente, con los problemas de vinculación y/o mentalización. Además, de con diagnósticos tan relacionados con esta temática como son los trastornos de personalidad. Esto todo apoyado por la experiencia en la que cada vez es más frecuente la atención de personas con este factor en común. Aunque no debemos generalizarlo a todos los casos.

En algunos casos, las personas que han sido adoptadas vienen con una historia de daño a sus espaldas, una historia de maltrato físico o psicológico, vivencias de negligencia continuada o experiencias marcadas por el abandono. Situaciones que se definen bajo un apego inseguro desorganizado, que consiste en un tipo de apego que surge como resultado de una confusión con respecto a la conducta de sus padres.

¿Qué importancia tienen los padres?

El comportamiento de los padres es impredecible por lo que en el niño se genera una sensación de miedo e incertidumbre. Y esto, les lleva a desarrollar estrategias defensivas para sentir la cercanía del progenitor. En esos casos, los niños ante la imposibilidad de integrar que sus padres son malos, interiorizan una imagen negativa de sí mismos. Piensan que son ellos los malos y no son merecedores de amor. Esta situación termina generando en ellos una conducta cambiante. Pasan entre la inhibición extrema hasta vivirse como invisibles. Incluyendo actitudes como la complacencia, el no pedir ayuda al progenitor ante ninguna dificultad o un excesivo cuidado del otro, hasta una explosión de ira intensa y desmedida.

Esta desorganización continuada en la conducta de los primeros progenitores, que probablemente sufran de alguna patología o desorden como consumo de tóxicos, culmina con la situación de mayor impacto para su futuro desarrollo que es el primer “abandono”. Un abandono directo o indirecto que termina cristalizando el pensamiento de “yo soy malo” o  “no soy merecedor de cariño”. Es una herida construida a base de eventos traumáticos como agresiones físicas, consumo de drogas, inversiones de rol, o ausencia de figuras maternas por haber sobrevivido en orfanatos. 

 

¿Es aconsejable en esta situación la Psicoterapia?

Por todo lo mencionado, sería fundamental entender la  importancia de una adecuada intervención. Pero no sólo con el menor, sino también con el sistema familiar. Ya que hay que tener en cuenta que lo que se rompe en el vínculo se repara en el vínculo. Y que por tanto, las familias adoptivas desde un estilo de apego seguro pueden reparar en cierta forma esas fallas establecidas en las etapas más tempranas vividas con los primeros progenitores. Y que por el contrario, un estilo apego inseguro también establecido con los padres adoptivos puede llegar a ser un factor de riesgo importante. Sobre todo, para el desarrollo de cuadros psicopatológicos relacionados con aspectos vinculares. 

Actitudes o conductas que entrarían dentro de un apego inseguro serían conductas de invalidación y juicio constantes. Además de referencias al proceso de adopción en momentos de enfado, en concreto del ambivalente sería por ejemplo transmitir seguridad desde la parte instrumental de tener una casa, comida y ropa o dinero para lo que pueda necesitar. Pero generar la inseguridad emocional con amenazas como “yo ya no puedo hacer nada contigo” “eres imposible”. Reforzando por tanto la primera herida germinada por el primer abandono. Y por tanto la idea de ser un “error” o problema y no ser merecedor del afecto o el cariño de nadie, así como la vivencia de un segundo abandono.

 

Conclusión

Por tanto, el desarrollo de un cuadro de personalidad se relacionaría no solo con la primera experiencia vincular vivida con sus primeros progenitores. Si no que a ese factor de riesgo tendríamos que añadir el estilo de apego disfuncional establecido con la familia adoptiva. 

Cuando se suman dos estilos de apego disfuncionales en la historia vital de un individuo, en los que ha habido ausencia de sintonía del progenitor con sus estados mentales. Y así como ausencia de protección o no haber encontrado una base segura. La estructura que se presenta en consulta es la de un ser armado y defendido del mundo que le rodea, que ha dejado de confiar en el ser humano pero que es lo suficientemente vulnerable para no poder prescindir de él.

En conclusión, entendemos que el proceso terapéutico debe centrarse en el sistema familiar, en la persona afectada pero también en la familia adoptiva. Para poder identificar y modificar patrones disfuncionales de apego y así sanar y reparar el vínculo que es la herramienta terapéutica por excelencia.

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