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La autoestima es un concepto complejo en el que tenemos dos puntos importantes: Por una parte, el autoconcepto, que hace referencia a los aspectos cognitivos y la imagen que tenemos de nosotros mismos; y por otro lado, la definición más estricta de autoestima, entendida como la valoración emocional y el juicio valorativo de esa imagen (McKay y Fanning, 1991; Monbourquette, 2002).

Ambas conforman parte estructural de nuestra identidad. En el caso del TLP, la identidad suele estar a su vez afectada, ligada a síntomas disociativos de despersonalización. Esto les hace más vulnerables a las opiniones externas, y puede llevarlas a actuar de acuerdo a lo que las personas a su alrededor esperan, muchas veces también desde el miedo al abandono y al rechazo, incluso a pesar del sacrificio de sus propias necesidades (Mosquera, 2004). 

Así podemos ver cómo nuestra autoestima tiene una gran influencia en nuestra forma de responder ante distintas situaciones. Si me percibo a mí mismo de forma segura y tengo un «Self» fuerte, podré responder con mayor confianza ante las adversidades del entorno. 

La autoestima no es un constructo inmutable, sino que se ve afectada por factores internos y externos, y puede cambiar a lo largo de la vida.

Algunas cosas que influyen en nuestra autoestima son:

  • Nuestro discurso interno: La forma en que nos hablamos a nosotros mismos y las distorsiones cognitivas pueden dañar nuestra autoestima. Si en nuestro discurso interno prima la autocrítica y la autoexigencia, nuestra autoestima puede verse afectada.
  • El estilo de vinculación de los padres y las figuras de apego con el niño, son elementos fundamentales sobre los que se construye posteriormente la autoestima.
    Los estilos de apego inseguros se relacionan con una baja autoestima en la edad adulta; a su vez, se ha encontrado que los entornos en los que hay violencia, abuso, negligencia y malos tratos favorecen una baja autoestima y un autoconcepto negativo, además de asociarse al desarrollo de TLP en la edad adulta (Reichborn-Kjennrud et al., 2013). 
  • Las experiencias vividas en la infancia, tanto en el hogar como en el grupo de iguales (ej: bullying, acoso) pueden tener un gran impacto en la construcción del Self y el desarrollo de cogniciones negativas, en que podemos quedarnos atascados, y resultar muy dolorosas, así como deteriorar nuestra autoestima: “No soy suficiente”, “No valgo”, “Soy defectuoso”, etc.

 

¿Qué podemos hacer con todo esto para poder cuidarnos y mejorar nuestra autoestima?

  • Practicar la autocompasión y cambiar nuestro discurso interno: Mirarnos desde el amor y la aceptación, soltando la autocrítica. Ajustar las expectativas acerca de uno mismo, de forma que podamos mirarnos de un modo más sano y realista, para poder hablarnos desde un sitio en que no nos hagamos daño. 
  • Escuchar lo que sentimos y necesitamos, y entrenar la asertividad para poder expresarlo. Muchas veces, cuando la persona tiene baja autoestima sacrifica su espacio para favorecer el de otros, por lo que es importante tener estrategias para poder ponerlo sobre la mesa, y poner límites cuando sea necesario.
  • Construir relaciones sanas y seguras, con personas que respeten nuestras emociones y nuestros límites. 

 

BIBLIOGRAFÍA

  • McKay, M; Fanning, P. (1991) Autoestima: Evaluación y Mejora. Ediciones Mrtínez Roca: Barcelona.
  • Monbourquette, J. (2002) De l’estime de soi à l’estime du Soi. De la psychologie à la spiritualité. Éditions Novalis: Montréal. 
  • Mosquera, D. (2004) Diamantes en bruto I. Un acercamiento al Trastorno Límite de Personalidad. Édiciones Pléyade: Madrid.
  • Reichborn-Kjennrud, T., Ystrom, E., Neale, M., Aggen, S., Mazzeo, S., Knudsen, G. P., Tambs, K., Czajkowski, N. O., y Kendler, K. S. (2013) Structure of genetic and environmental risk for symptoms of DSM-IV Borderline Personality Disorder. JAMA Psychiatry, 70(11), 1206-1214.