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La OMS, definió en 2003 la adherencia terapéutica como “el grado en el que el comportamiento de una persona favorece: tomar el medicamento, seguir un régimen alimentario y ejecutar cambios del modo de vida, se corresponde con las recomendaciones acordadas de un prestador de asistencia sanitaria”

Vivimos en un momento social, económico y relacional donde la sociedad que cada vez nos exige más y que, en muchos momentos, podemos sentir que nos supera, un mundo donde manda la inmediatez, nos hemos olvidado de la constancia. Esta constancia está al alcance de todos, solo debemos practicarla día a día, poco a poco, poniendo nuestro granito de arena a cada momento y no pensar más allá.

Esta sociedad de consumo en la que está inmersa la mayoría de las sociedades occidentales, se ha transformado en una sociedad que se consume en su inmediatez. No hay paciencia. No hay espacio para la espera, el aburrimiento o el largo plazo. Estamos rodeados de mensajes, por supuesto escuetos y de rápida lectura y asimilación, que nos prometen conseguir cualquier cosa de forma inmediata y solo con quererlo. Aquí. Ahora. Ya. Lo quiero y lo tengo… Lo pido y me llega, y, si puede ser, todo en un clic.

Desde los espacios terapéuticos, aunque se podría (y debería) extender a todas las áreas de nuestra vida, pensamos que ha llegado la hora de conseguir aquellas cosas que son importantes para nosotros, y hacerlo de manera duradera. No se trata de hacer descomunales actos de sacrificio, se trata de que, como dijo Pitágoras: “Con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo, y de hacerlo bien”.

Y, precisamente, ese es el mayor obstáculo que se encuentra esta sociedad: el tiempo. Ser capaces de dar el tiempo necesario a cada cosa para que florezca, dedicarle el tiempo suficiente a cada acto para que se convierta en parte de nosotros. Cosechar el tiempo y, a su tiempo, recoger sus frutos. 

 

Algunos consejos para ser constante son:

 

SE CAPAZ DE ELEGIR

Empecemos por elegir algo importante, algo significativo para nosotros que, por las razones que sea, no hayamos conseguido incorporar a nuestra rutina, como puede ser, por ejemplo, ir al gimnasio, aprender un idioma, escribir una novela o tocar la guitarra. Debemos tener claro que lo importante es la elección, y esta debe ser libre y consciente.

Una elección es parte ya de un compromiso interior. Es saber dónde nos gustaría ir, y eso siempre implica una reflexión y un análisis que, aunque nos quedemos en este punto y no sigamos adelante, siempre es beneficioso.

 

DESCUBRE EL PODER DE LO PEQUEÑO

El ser humano tiende a proponerse grandes cambios, grandes propósitos, por esa falsa creencia que de esta manera es la única forma de sentirse “trabajado”. Pues bien, os propongo poner en práctica el poder de lo pequeño, de lo mínimo, de lo casi insignificante. Ese es el poder de la naturaleza.

Porque el trabajo de cambio personal no debería tratarse de hacer grandes esfuerzos, porque ya sabemos que en un día de inspiración, fuerza y energía podemos hacer un gran esfuerzo en aquello que nos propongamos, pero ahora se va a tratar de hacer muy poco durante mucho tiempo. Y ese muy poco es la clave de todo. Debemos ser capaces de empezar por algo tan pequeño que nos sea imposible fallar. Lo haremos como rutina, como parte de nosotros.

HUYE DE LA TRAMPA DEL “PARA SIEMPRE”

“El cambio es un proceso que nos acompañara ya siempre”Y ese siempre y para siempre, siendo el destino de todo cambio, es también uno de sus principales enemigos.

El “para siempre” es una trampa mental. No existe el para siempre y solamente conseguimos sentirnos atrapados en un tiempo demasiado extenso como para hacerle frente. Es mejor quedarse con el aquí y el ahora. Si antes hemos descubierto el increíble poder de lo pequeño, de lo casi insignificante, ahora debemos tener en cuenta que hoy es lo que cuenta. Mañana… ya veremos.

Pensar y sentir el hoy. Solo hoy. Y cuando mañana vuelva a ser hoy, otra vez, pero apartando de nuestra mente el vasto tiempo que representa el para siempre, recordemos que la clave de la magia de la constancia reside en las pequeñas cosas, incluso en los pequeños intervalos de tiempo.

 

SER Y OCUPARSE EN SER FLEXIBLE

Otro de los secretos de la constancia reside en ser flexible, tanto con los errores como con el tiempo. Si bien es verdad que es mejor adjudicar un momento concreto del día a hacer de forma reiterada aquello que hemos decidido, también es verdad que debemos poder adaptarnos y si, por la razón que fuera, debemos cambiar de horario, hacerlo sin traumas. Esto es fundamental para evitar sentirse fracasados.

Incluso debemos ser flexibles en los fallos. Puede que fallemos un día. Sí. No es lo deseable, pero lo importante será, al día siguiente, volver a ponernos en el camino. Y ya está. Sin culpas. Lo flexible se adapta, lo duro se rompe ante las adversidades. 

NO MIRES LOS RESULTADOS

Una vez hayamos iniciado nuestra imparable constancia y nos veamos ya en el día a día (y sin contar los días, como a quien ha conseguido dejar de fumar le cuesta saber cuántos días lleva), es importante no estar demasiado pendiente de los resultados. Cuando plantamos una semilla no estamos continuamente levantando la tierra para ver si ha crecido, porque si lo hacemos, simplemente, la semilla no crece.

Alfonso Ruiz

Psicólogo colegiado con habilitación sanitaria, con más de 20 años de experiencia clínica y social. Experto en Psicodiagnóstico clínico e intervención social con Familias e Infancia. Ha desarrollado su labor profesional en el ámbito terapéutico tanto privado como en distintos recursos asistenciales dentro de la red pública de intervención psicológica. Tiene experiencia tanto con población adulta como con familias y adolescentes.