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AMAI TLP

¿Qué aprendizaje me ha dejado ir a terapia? Por Lola

Por Fundación AMAI - TLP

#PersonasAMAITLP
Lola

Empecé la terapia con dudas sobre si funcionaría o no. Tras el recorrido que llevo, y después de haber cambiado de profesionales a lo largo de mi enfermedad, si antes creía poco en los psicólogos y psiquiatras- no tengo qué decir cómo fue eso de cambiar otra vez y empezar de nuevo a tratarme- tengo que decir hoy en día que me alegro muchísimo de haberme dado otra oportunidad y confiar en los profesionales de AMAI.

No solo he recuperado la confianza, sino que he hecho grandes avances junto a mi psicóloga. Avances que nunca creía que pudiera hacer, y el día que hablo con ella, para mí es un día positivo, una marca de felicidad que me queda para el resto de la semana. Es difícil explicar cómo se siente uno cuando tiene un problema mental, parece que estas metido en un bucle y no avanzas, pero a lo largo del tiempo se asoma un rayo de luz que sin saberlo, has cambiado respecto a  cuando empezaste.

Aunque los problemas se acumulen, tengas bajones y aumenten las ganas de curarte cuanto antes, siempre tengo a mi psicóloga, en la cual he depositado toda mi confianza. Como le dije un día, para mi es mi “ángel de la guarda’’.  Es que es mi cerebro sacado de la cabeza y convertido en persona “jajajaja”. 

Espero continuar con ella el tiempo que necesite y, sin duda, si lo que tengo que responder es: ¿Qué aprendizaje me ha dejado la terapia? Mi respuesta es “todo’’. No se qué sería de mí hoy si no hubiera descubierto AMAI.

 

¿Por qué decidí ir a terapia? Por Yolanda Encinas

Por Fundación AMAI - TLP, Testimonios

#PersonasAMAITLP
Yolanda Encinas
Paciente TLP en terapia con AMAI

Hola. Mi nombre es Yolanda. Tengo 51 años. Y como todo en mi vida, esta pregunta es bastante difícil de responder para mí. Ni siquiera tengo claro que tomara una decisión valiente para empezar la terapia. Creo que fueron más bien las circunstancias las que me llevaron a un callejón sin salida y fue entonces cuando sentí que debía pedir ayuda. Me ahogaba y me encontraba desesperada. Perdí la custodia de mí hija y ese fue el punto de inflexión.

Siento que mis padres, con claros signos de traumas no resueltos, tiraron mi vida por la borda. Y llevo toda mi vida intentando no ahogarme en un océano de miedos, dudas e incertidumbres. La ignorancia, la estupidez, la falta de dinero o interés… nunca tendré la certeza ya. Quizá nací así o me hice, o me hicieron. O todo se conjuró en mi contra. No lo sé. 

Quiero a mi hija y quiero estar en su vida, ayudarla a crecer, no abandonarla. Ella es mi guía y mi razón para la terapia. Quiero que mi hija esté orgullosa de mí y quiero enseñarla a luchar aún cuando las circunstancias sean adversas. Quiero hacer lo mejor posible para ella, para que pueda encontrar su lugar en la vida y su sentido. 

Quiero creer que, de algún modo, mi vida puede tener un sentido. Pero no puedo hacerlo sola. He sido soberbia en el pasado y no he querido aceptar mi enfermedad. Tampoco mi familia. Y quiero dejar de negarme, quiero afrontar lo que soy y mejorarlo. Quiero llevar una vida tranquila y lo más cercana a la normalidad que pueda. Quiero bajarme de esta montaña rusa y descansar.

Y eso solo puede ser posible a través del proceso y ayuda de la Terapia.

Ayúdanos a que más personas como Yolanda tengan #UnaHoraMás de terapia: https://www.amaitlp.org/una-hora-mas

¿Por qué decidí ir a terapia? Por Carmen Romero

Por Fundación AMAI - TLP, Testimonios

#PersonasAMAITLP
Carmen Romero

¿Por qué voy a terapia?… porque la necesito. Durante muchos años pensé que iba a terapia solo como un proceso de trabajo y crecimiento interior, pero he tenido que asumir que tengo un problema mental y que necesito la terapia.  No me gusta. No me gusta ir, porque siento que pierdo mi poder, que soy dependiente y cada vez que asisto a una sesión he de enfrentarme a la verdad de que soy una enferma mental. Y esta expresión en mí tiene todavía mucho peso.

Pero la necesito, me guste o no y sigo yendo, porque la terapia me ayuda a conocerme, a quererme, a sentirme valiosa, a enfrentarme a mis sombras, conocerlas y aprender a gestionarlas para que no me dañen  ni a mi ni a los demás, y también me muestra mi lado positivo y luminoso.

Voy a terapia porque necesito un anclaje, saber que hay una persona que entiende lo que me pasa y que me va a ayudar a gestionarlo y sobre todo, voy a terapia porque tengo miedo, porque a veces mis procesos mentales me arrastran a un infierno del que si voy a ser capaz de salir sola. A veces la simple certeza de que tienes cerca una sesión es un alivio para un dolor emocional que puede ser insoportable.

Voy porque necesito aprender a gestionarme, porque las cosas más simples me suponen un auténtico caos y un esfuerzo sobrehumano. Porque a veces mi confusión mental hace que lo cotidiano sea casi imposible. 

Voy porque la necesito, porque sufro Trastorno Bipolar y TLP y porque no sé hacia donde me dirigiría si no tuviera la terapia y sobre todo, voy porque me aferro a la confianza de que me va a ayudar a vivir de un modo mucho más pleno.

Ayúdanos a que más personas como Carmen tengan #UnaHoraMás de terapia: https://www.amaitlp.org/una-hora-mas

Del miedo a la humildad por Miriam Talón

Por Sin categoría

El tiempo de confinamiento parece estar llegando a su fin. Tras más de dos meses, hemos comenzado la desescalada y parece que el esfuerzo conjunto empieza a dar sus frutos. Aún no sabemos mucho sobre el Coronavirus, pero todos hemos remado en la misma dirección y hemos conseguido reducir el número de contagios y fallecidos. 

Ha sido una pausa demasiado larga, un interludio complicado para el que no estábamos preparados; un paréntesis obligado en el que todos hemos experimentado en alguna medida la incertidumbre, la inseguridad, quizá también de miedo.  

Nuestra vida ha cambiado, nuestra forma de movernos en el mundo y de relacionarnos ya no será la misma. Caminamos hacia una “nueva normalidad” que nos obliga a dibujar nuevos escenarios nada “normales” para nosotros. 

Según los epidemiólogos, este virus ha llegado para quedarse y tendremos que convivir con él, así como con las mascarillas, el distanciamiento social y los geles hidroalcohólicos. Es curioso como un patógeno de apenas treinta nanómetros ha cambiado tanto nuestra vida cotidiana. Tantos cambios, tanta incertidumbre, hacen que nos sintamos indefensos, vulnerables. Hoy observamos perplejos cómo un virus nos ha despojado de la seguridad que creíamos necesidad cubierta. 

La mayoría de las veces, lo desconocido asusta, lo que inexplorado nos produce miedo. Ahora bien, ese miedo revela hasta qué punto son inesperadamente similares nuestras frágiles vidas y nuestra humanidad común.

El Premio Nobel Orhan Pamuk (quien curiosamente prepara un libro sobre la peste de 1901), publicó hace poco un artículo en el que reflexionaba sobre este temor; este recelo primario que el ser humano ha experimentado en todas las pandemias pasadas. “El miedo, nos hace sentirnos solos, pero la conciencia de que todos estamos viviendo una angustia similar, nos saca de nuestra soledad y termina convirtiendo el miedo en solidaridad”.  

Al leer esta reflexión, mi mente divagó hasta mis propios temores y, en ese viaje interno, me topé con el momento en que todos mis miedos se hicieron presentes. Fue hace nueve meses, cuando mi psiquiatra respondió a la pregunta “¿qué me ocurre?” con un diagnóstico: “Trastorno Límite de la Personalidad”. Como ya os comenté no era la primera vez que me topaba con esta definición; once años antes, en mi primer ingreso en un hospital psiquiátrico, la respuesta a mi pregunta fue la misma, pero yo no fui capaz de enfrentarme a ello. 

En esta ocasión, me creí muy valiente, pero en realidad estaba tan asustada que no fui capaz de seguir adelante. Me llené de oscuridad, de culpa, de vergüenza… sólo se me ocurrió odiarme por lo que me ocurría y no darme tregua. Y así, convertida en temor, conviví seis meses en el lugar más tenebroso de mi mente, sintiéndome totalmente sola en un mundo lleno de gente. Sé que para muchos es un alivio recibir el diagnóstico, pero a mí me paralizó el miedo y cercioró todas mis certezas. El desenlace fue un nuevo ingreso en una unidad de psiquiatría. Aquel en el que, como ya os comenté, escuché por primera vez la palabra Coronavirus. 

Fue en aquel hospital donde entendí cómo el miedo puede empujarnos a encerrarnos en nosotros mismos, atemorizándonos con su penumbra. El miedo nos aísla, nos desarma, nos silencia. Pero también, como decía Pamuk, la conciencia de que ese dolor no es único, nos saca de nuestra soledad. 

Allí conviví con muchas personas, cada uno con su propio diagnóstico, pero todos teníamos algo en común: nos sentíamos muy solos y esa soledad, nos daba miedo. Afortunadamente, en el hospital psiquiátrico me hablaron de AMAI TLP y me explicaron que no estaba sola, que había más personas como yo y que sus especialistas podrían ayudarme.

Tras empezar la terapia en AMAI TLP, entendí esa otra cara del miedo a la que se refería Pamuk; el miedo también nos enseña a ser humildes, nos habla de nuestras limitaciones y nos obliga a mejorar. Así, desde esa humildad, podemos entender que no todo está bajo nuestro control, que hay situaciones que nos superan y que, ante el miedo, el único acto que puede salvarnos es la humildad; aceptar lo que ha tocado vivir, con las ganas puestas en mejorar, en buscar ayuda; ser humildes para reconocernos vulnerables, pero no por ello rotos del todo.

Al comprender que había otras personas con mi diagnóstico y que existían profesionales especializados en ello, dejé de tener miedo. La inquietud compartida, produce un sentimiento de solidaridad, un no sabernos solos ante lo que está ocurriendo. Con ello, parece que el miedo deja de atormentarnos y podemos descubrir cierta humildad en el hecho de no sentir nuestro temor como único, sino como un sentimiento tan global como este virus, tan inseparable de cada uno de nosotros como la fragilidad de nuestra existencia. Es en ese punto cuando el miedo se convierte en humildad, en compasión hacia nosotros mismos, pero también hacia los otros.

Me costó mucho, pero finalmente entendí que, al igual que ahora todos tendremos que convivir con este virus, yo tendría que convivir con el TLP sin esconderlo, sin tenerle miedo, con humildad. Porque no soy la única, porque ya no estoy sola en un mundo lleno de gente, porque somos muchos los que vivimos con este trastorno y a todos nosotros nos queda mucho por vivir.

Miriam Talón
#PersonasAMAITLP

Después de la pandemia por Miriam Talón

Por Testimonios

La primera vez que escuché la palabra “coronavirus” estaba hospitalizada en una unidad de psiquiatría. Fue una madrugada a comienzos de febrero. El insomnio me acompañó también aquella noche y, para no molestar a mi compañera de habitación, salí del cuarto a caminar por el pasillo, esperando a que se hiciese de día.  Seguir leyendo

Reflexión matutina

Por Testimonios

Esta mañana, en estado de alarma, he estado pensando sobre la simpleza de las flores y lo mucho que podemos aprender de ellas. Las flores tienen un extraño lenguaje te hablan a través de sus colores, aromas y olores. Te hablan de unión de que todo en el universo responde a una misma razón de ser; es decir, a un solo propósito unificado. Seguir leyendo

Un balcón al sol

Por Testimonios
Vivimos tiempos difíciles. Tiempos de confinamiento, de quedarse en casa para salvar a otros. El verbo latino “confinar” se deriva del vocablo clásico “confinis” (que comparte un límite común), formado por el prefijo “con-” (cosa compartida, comunidad o conjuntamente) y el sustantivo “finis” (límite, fin, final, frontera). Seguir leyendo